Brecha de género en las adicciones: las mujeres llegan tarde al tratamiento por estigma y falta de recursos adaptados
Hombres y mujeres consumen sustancias y pueden desarrollar adicciones, pero la enfermedad no se manifiesta ni se afronta en las mismas condiciones sociales, sanitarias y emocionales. Así lo advierte el análisis de la brecha de género en las adicciones, que pone el foco en un problema estructural: las mujeres tardan más en pedir ayuda, llegan en peores condiciones y encuentran más obstáculos para iniciar y mantener un tratamiento.
Las estadísticas oficiales siguen situando a los hombres en primer plano en el consumo de la mayoría de sustancias psicoactivas, así como en el juego presencial y online. Sin embargo, esta fotografía es incompleta. Las mujeres presentan mayor prevalencia en el consumo de hipnosedantes y analgésicos opioides, además de concentrar patrones de adicción menos visibilizados, como el uso problemático de redes sociales, las compras compulsivas o ciertas conductas alimentarias, ámbitos en los que la falta de datos dificulta una lectura real del fenómeno.
El elemento diferencial no es únicamente epidemiológico, sino de acceso. El problema no es quién consume más, sino quién consigue pedir ayuda a tiempo y en qué condiciones lo hace.
En este punto, el peso de la estructura social resulta determinante. La carga de cuidados, las responsabilidades familiares y el miedo al juicio actúan como barreras que retrasan la entrada de muchas mujeres en los dispositivos de atención. A ello se suman experiencias previas de violencia, trauma y una mayor sanción social, que se traduce en un estigma especialmente severo cuando la adicción afecta a mujeres con hijos o responsabilidades domésticas.
“Es evidente que las mujeres tardan más en pedir ayuda y, cuando lo hacen, suelen llegar en situaciones de mayor deterioro emocional, social y físico”, señala Ana Herrera, educadora social de Esvidas.
Este retraso en la solicitud de asistencia tiene un reflejo directo en los centros de tratamiento, donde la presencia masculina continúa siendo mayoritaria. Los profesionales subrayan que no se trata de una menor incidencia en mujeres, sino de un acceso desigual a los recursos disponibles. En ausencia de registros exhaustivos, las estimaciones apuntan a una fuerte brecha: por cada mujer que inicia tratamiento en España, podrían hacerlo hasta cinco hombres.
“Es una realidad: los centros de desintoxicación cuentan con una presencia mayoritaria de hombres. Aunque no haya datos oficiales, porque es casi imposible contabilizarlo, puede que por cada mujer que inicia un tratamiento en España haya cinco hombres”, añade la educadora social.
La dimensión del problema no se limita al acceso, sino también a la respuesta institucional. Los expertos insisten en la necesidad de incorporar de forma real una perspectiva de género en los programas de tratamiento, con medidas como horarios flexibles, opciones de conciliación, equipos formados en trauma y violencia, espacios seguros y estrategias de prevención que visibilicen también las trayectorias femeninas en la adicción.
“En nuestros centros trabajamos siempre pensando en la persona que tenemos delante, buscando que se sienta comprendida y acompañada en cada paso del tratamiento, sin que su género sea un obstáculo”, apunta Herrera.
La evidencia apunta a un desequilibrio persistente: la adicción afecta a hombres y mujeres, pero el sistema no alcanza a ambas realidades con la misma eficacia, dejando a muchas mujeres fuera de la red asistencial por factores que no son clínicos, sino sociales.