Un grafiti en las alturas del Convento de San Francisco: cuando el vandalismo alcanza el patrimonio

El problema de los grafitis vandálicos no es únicamente económico. Cada eliminación supone gastos, trabajos especializados y, en ocasiones, actuaciones delicadas para evitar daños sobre materiales históricos
Un grafiti en las alturas del Convento de San Francisco
photo_camera Un grafiti en las alturas del Convento de San Francisco

Hay imágenes que llaman la atención por lo insólitas. No tanto por el tamaño de la pintada, sino por el lugar elegido para dejarla. En la parte superior del antiguo Convento de San Francisco de Zamora, actual sede de la Fundación Rei Afonso Henriques, un grafiti corona desde hace tiempo uno de los edificios históricos más emblemáticos de la ciudad.

La pregunta surge de forma inmediata para cualquiera que pasee por la margen del Duero y alce la vista hacia el monumento: ¿cómo han conseguido llegar hasta allí? La respuesta es casi lo de menos. Lo realmente preocupante es que alguien considerara buena idea utilizar un edificio histórico como lienzo para dejar una firma que nada aporta al paisaje urbano y mucho menos al patrimonio zamorano.

No se trata de arte urbano. Tampoco de una intervención cultural autorizada. Es, simple y llanamente, una pintada realizada sobre un inmueble histórico. Una acción que afea la imagen de un edificio centenario y que transmite una sensación de abandono impropia de un enclave que representa parte de la historia de Zamora.

Resulta paradójico que administraciones y entidades destinen recursos a la conservación del patrimonio mientras algunos individuos dedican tiempo y esfuerzo a deteriorarlo. Porque subir hasta esa cubierta no debió ser precisamente sencillo. Hubo planificación, riesgo e intención. Todo ello para dejar una marca personal que apenas aporta unos segundos de protagonismo a cambio de un perjuicio visual permanente para toda la ciudadanía.

El problema de los grafitis vandálicos no es únicamente económico. Cada eliminación supone gastos, trabajos especializados y, en ocasiones, actuaciones delicadas para evitar daños sobre materiales históricos. El coste acaba recayendo sobre todos los ciudadanos.

Zamora presume con razón de su patrimonio románico, de sus iglesias históricas, de sus murallas y de sus edificios monumentales. Son precisamente esos elementos los que diferencian a la ciudad y los que atraen cada año a miles de visitantes. Por eso cuesta entender que todavía haya quienes confundan libertad de expresión con deterioro del bien común.

La imagen del grafiti en lo alto del Convento de San Francisco debería servir también para abrir una reflexión sobre la vigilancia y el mantenimiento de determinados espacios patrimoniales. Si una pintada permanece visible durante meses o años, el mensaje que se transmite es peligroso: que da igual hacerlo porque nadie lo retirará.

Y no, no da igual.

El patrimonio de Zamora no pertenece a una administración concreta ni a una institución determinada. Pertenece a todos los zamoranos. Cada piedra de estos edificios cuenta una parte de nuestra historia. Cada pintada que los ensucia borra una pequeña parte de esa herencia colectiva.

Quizá haya llegado el momento de eliminar definitivamente esta firma de las alturas y devolver al Convento de San Francisco la imagen que merece. Porque la mejor firma que puede lucir un monumento histórico es la del paso del tiempo, no la de quien decidió confundir una pared centenaria con una libreta de apuntes.

Comentarios