La luna y el fuego además de las luces del pueblo de Fornillos de Fermoselle

VÍDEO | El fuego visto desde Portugal: la noche de Fornillos, entre lenguas de fuego, tensión y esperanza

picote fornillos portada
Desde el mirador de la Peña del Puio, en Picote, se observaban numerosos focos en el lado español mientras las brigadas nocturnas trabajaban para impedir que las llamas se acercaran a la población

La última noche de julio volvió a estar marcada por el fuego en Sayago. Desde el mirador de la Peña del Puio, en el lado portugués, podía contemplarse el resplandor de numerosos puntos activos en territorio español, especialmente en el entorno de Fornillos de Fermoselle.

fornillos png

La imagen era tan impresionante como inquietante. Lenguas de fuego iluminaban la oscuridad mientras las brigadas nocturnas trabajaban para contener el avance de las llamas y evitar que alcanzaran la localidad.

Fornillos no llegó a verse cercado por el incendio, pero sí vivió momentos de tensión. La proximidad de los focos, la oscuridad y la imposibilidad de contar durante la noche con medios aéreos obligaban a mantener toda la vigilancia sobre una zona en la que cualquier cambio de viento podía alterar la situación en pocos minutos.

Las brigadas nocturnas, frente al fuego hasta el amanecer

En el monte trabajaban los equipos nocturnos de extinción, conocidos popularmente como los “Movember”, intentando asegurar el perímetro y controlar los numerosos puntos calientes que permanecían activos.

Durante la noche, la lucha contra el fuego cambia por completo. Los helicópteros y aviones dejan de operar y todo queda en manos de los medios terrestres, obligados a avanzar entre humo, pendientes, vegetación quemada y focos que resultan mucho más intimidantes bajo la oscuridad.

Su objetivo era claro: impedir que las llamas ganaran terreno hacia Fornillos y mantener la situación contenida hasta la llegada del alba, cuando los medios aéreos pudieran regresar y atacar directamente las zonas más complicadas.

picote panorámica sobre fornillos

Una madrugada que comenzó con 26 grados

Las condiciones meteorológicas no eran inicialmente favorables.

La temperatura se mantenía en torno a los 26 grados y el viento continuaba soplando sobre una zona extremadamente castigada. En un incendio de estas dimensiones, una noche cálida y seca reduce la recuperación de la humedad y permite que los combustibles vegetales sigan ardiendo con intensidad.

La situación comenzó a mejorar después de la medianoche portuguesa.

La temperatura descendió hasta aproximadamente los 21 grados, aumentó la humedad y el viento cambió de dirección. Esa combinación permitió que las lenguas de fuego perdieran fuerza y que las brigadas pudieran avanzar en el control de los focos.

No era todavía el final del incendio, pero sí un respiro importante después de varias horas de incertidumbre.

Picote también hizo guardia

En el lado portugués, los vecinos de Picote y de otras localidades cercanas permanecieron atentos durante toda la noche.

Desde el mirador observaban el resplandor, comentaban la evolución del incendio y trataban de interpretar cada variación en la intensidad de las llamas.

La noche era apacible en apariencia, propia de una despedida de julio, pero al otro lado de la frontera el fuego continuaba recordando que la emergencia seguía abierta.

Entre los vecinos comenzaba a extenderse la sensación de que el control podía estar más cerca, aunque nadie quería caer en el optimismo antes de tiempo.

Una frontera que el fuego ya cruzó en 2017

La preocupación portuguesa no nace únicamente de la cercanía geográfica.

En 2017, el incendio de Fermoselle terminó saltando al lado portugués y provocó también jornadas dramáticas en la zona. El fuego no entiende de límites administrativos, mojones ni fronteras nacionales.

Quienes vivieron aquel episodio conocen perfectamente la velocidad con la que una columna de fuego puede atravesar barrancos, laderas y el propio río cuando las condiciones meteorológicas resultan favorables para su propagación.

Por eso, mientras las brigadas trabajaban en el lado español, los vecinos portugueses observaban con respeto, memoria y preocupación.

El amanecer, la gran esperanza

La llegada del día permitirá la reincorporación de los medios aéreos y una valoración mucho más precisa de los puntos calientes que han resistido durante la noche.

Desde el aire será posible descargar agua sobre las zonas de difícil acceso y reforzar el trabajo realizado por las brigadas terrestres.

Las llamas habían perdido intensidad durante la madrugada, pero el incendio sigue exigiendo prudencia. Hasta que los focos queden completamente apagados y el perímetro consolidado, cualquier aumento de temperatura o nueva racha de viento puede provocar reproducciones.

Desde la Peña del Puio, Portugal volvió a mirar hacia Sayago.

Esta vez no solo para contemplar el paisaje de Arribes, sino para vigilar un fuego que durante la noche volvió a teñir de rojo el horizonte español.

Puntos de fuego