Fermoselle y aledaños sin luz y sin normalidad: el incendio deja casas vacías, negocios al límite y las fiestas en el aire
Después llega el silencio, la ceniza, las carreteras cortadas, las casas a las que todavía no se puede regresar y una sucesión de problemas cotidianos que, de repente, dejan de tener una solución sencilla.
En Fermoselle y en buena parte de Sayago, este jueves el problema se llamaba electricidad. O, mejor dicho, ausencia de ella.
Sin luz no funcionan las cocinas eléctricas, las cámaras frigoríficas, las herramientas, los sistemas de cobro ni buena parte de los servicios que sostienen la vida diaria de un pueblo. Y cuando la emergencia ya ha dejado vecinos evacuados, explotaciones afectadas y negocios pendientes de sobrevivir, cada hora sin suministro pesa mucho más.
La plaza de toros, a medio construir y sin poder avanzar
Durante la mañana, los operarios que trabajan en el montaje de la plaza de toros de la Plaza Mayor intentaban continuar con las tareas previstas.
La intención era mantener en pie los preparativos de unas fiestas profundamente condicionadas por el incendio. Sin embargo, la falta de electricidad impedía ejecutar parte de los trabajos y obligaba a avanzar únicamente en aquello que podía hacerse sin maquinaria eléctrica.
La plaza de toros es uno de los grandes símbolos festivos de Fermoselle, pero este año su construcción se desarrolla entre humo, incertidumbre y noticias que cambian cada hora.
No se trata solo de levantar una estructura. Se trata de intentar conservar una parte de la normalidad cuando casi todo alrededor ha dejado de ser normal.
Bares sin cámaras y cocinas apagadas
En el establecimiento España, Mar tampoco podía cocinar con normalidad porque no había suministro eléctrico.
La misma situación se repetía en otros negocios de la villa. En los bares se intentaban consumir o conservar los productos frescos antes de que el calor terminara por estropearlos. Las neveras y congeladores dejaron de cumplir su función precisamente en uno de los momentos más delicados del verano.
Cada hora sin luz significa alimentos que pueden perderse, servicios que no pueden prestarse y una nueva factura para establecimientos que ya ven reducida su actividad por las evacuaciones, los confinamientos y las dificultades para desplazarse por la comarca.
El incendio amenaza el monte, pero sus consecuencias entran después en las cocinas, las despensas y las cuentas de los negocios. Un trastorno más que contará con el rembolso de las pérdidas pero cuando?. Importante es documentar todo y fotografiar las pérdidas así como anotar las horas que no hay suministro para posibles reclamaciones posteriores que llegarán con la declaración de Zona de Protección Especial.
Una reposición anunciada que no llegó
Durante la jornada se extendió la previsión de que el suministro pudiera recuperarse alrededor de las 18:00 horas.
La hora llegó, pero la luz no volvió.
Los problemas se mantienen por los daños provocados en las infraestructuras eléctricas, con líneas caídas y diferentes instalaciones afectadas por el fuego.
Durante la tarde del miércoles se pudo ver a operarios trabajando sobre el terreno para localizar las averías y buscar alternativas que permitieran restablecer el suministro. Sin embargo, la magnitud del incendio y el estado de las instalaciones han complicado una reparación que no depende únicamente de conectar un cable o sustituir una pieza.
Fermoselle permanece sin electricidad y el problema alcanza también a otros puntos de Sayago.
El gran apagón tampoco dejó suficientes lecciones
La falta de suministro vuelve a demostrar hasta qué punto la vida cotidiana depende de la electricidad.
España sufrió recientemente un apagón de grandes dimensiones y durante unas horas se habló de preparación, autonomía energética, sistemas de respaldo y necesidad de contar con alternativas.
Después regresó la normalidad y muchas de aquellas advertencias quedaron olvidadas.
Ahora, en Fermoselle, la emergencia forestal ha vuelto a dejar al descubierto la misma fragilidad. Viviendas sin iluminación, cocinas inutilizadas, cámaras frigoríficas detenidas, negocios sin poder trabajar y personas mayores o vulnerables con más dificultades para continuar con sus rutinas.
La electricidad solo parece imprescindible cuando desaparece.
Sin casa, sin luz y con las ilusiones rotas
Hay vecinos que todavía no han podido regresar a sus hogares. Otros han vuelto para encontrarse con cortes de suministro y con un entorno irreconocible.
A la angustia por el estado de las viviendas, las fincas y los animales se suma ahora la imposibilidad de recuperar una vida mínimamente normal.
También quedan en el aire celebraciones, encuentros y proyectos preparados durante meses. Las fiestas de Fermoselle debían ser un momento de reunión, alegría y actividad económica. Hoy dependen de la evolución del incendio, del regreso de los evacuados y de que servicios esenciales como la electricidad puedan restablecerse.
Las ilusiones también arden, aunque no dejen una columna de humo.
Cuando todo falla a la vez
Un incendio de esta magnitud convierte lo cotidiano en extraordinario.
Preparar una comida, conservar una bebida fría, cargar un teléfono o utilizar una herramienta se transforma en un problema. Todo se vuelve más difícil cuando las infraestructuras fallan al mismo tiempo que los pueblos intentan responder a una emergencia.
Y, como recuerda el refrán, a perro flaco todo son pulgas.
Fermoselle y Sayago no necesitan únicamente medios para apagar el fuego. Necesitan recuperar carreteras, comunicaciones, electricidad y la posibilidad de regresar a casa.
Porque la normalidad no vuelve cuando se marcha el último helicóptero.
Vuelve cuando una familia puede abrir su puerta, encender una bombilla, preparar la cena y acostarse sin preguntarse qué nuevo problema traerá el día siguiente.