Zamora se vuelca con el recuerdo en la procesión de Luz y Vida, consulta el recorrido

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Su propósito era claro: rendir homenaje a todas aquellas personas que, ya fallecidas, habían contribuido a engrandecer la tradición cofrade zamorana

La ciudad de Zamora vivirá este Sábado de Dolores una de sus procesiones más emotivas con la salida de la Hermandad Penitencial de Nuestro Señor Jesús Luz y Vida, una cita marcada por el recuerdo a los difuntos y la promesa de la resurrección.

El desfile procesional comenzará a las 20:00 horas desde el Convento del Tránsito, iniciando un recorrido que atravesará el casco histórico por la rúa de los Francos y la plaza de Viriato —donde el paso avanzará sin detenerse— para continuar por Claudio Moyano, Eduardo Barrón y la plaza de San Cipriano.

El cortejo descenderá después hacia la cuesta de San Cipriano y la plaza de Santa Lucía, enfilando la calle Puente hasta cruzar el emblemático Puente de Piedra rumbo al barrio de Cabañales. Desde allí, se dirigirá hasta el entorno del Cementerio de San Atilano, donde tendrá lugar el momento central de la procesión: un acto de recuerdo por todos los fallecidos, cargado de simbolismo y recogimiento.

Tras este homenaje, la procesión emprenderá el regreso por el mismo puente hacia el casco antiguo, pasando por Santa Lucía, Herreros, Alfonso XII y Ramos Carrión, hasta concluir en la plaza de Santa María la Nueva, poniendo fin a un recorrido profundamente espiritual.

Una hermandad nacida del recuerdo

La historia de “Luz y Vida” se remonta a 1988, aunque su origen se sitúa un año antes, cuando el periodista Manolo Espías lanzó la idea durante el pregón de la Semana Santa. Su propósito era claro: rendir homenaje a todas aquellas personas que, ya fallecidas, habían contribuido a engrandecer la tradición cofrade zamorana.

Erigida canónicamente el 3 de mayo de 1988 por Eduardo Poveda Rodríguez, la hermandad celebró su primera procesión en marzo de 1989, inicialmente en el Sábado de Lázaro, en plena Cuaresma. Esta elección no era casual, ya que evocaba la resurrección de Lázaro como símbolo de esperanza cristiana.

En 1993, y buscando una mejor integración en el conjunto de cofradías, la procesión se trasladó al Sábado de Pasión, consolidándose definitivamente al año siguiente con su ingreso en la Junta Pro Semana Santa.

Memoria que perdura

La hermandad, la más joven de la Semana Santa de Zamora, mantiene desde entonces una identidad propia basada en el recuerdo y la oración por los difuntos. Cada año, su procesión al cementerio de San Atilano se convierte en un acto de comunión entre la ciudad y su memoria.

Además, esta vocación se extiende más allá de la Semana Santa: cada 2 de noviembre, la cofradía participa en los actos dedicados a las Ánimas, trasladando su imagen titular al cementerio como símbolo de continuidad entre la vida, la muerte y la esperanza cristiana.