El bullying no se va de vacaciones: Señales físicas y de conducta para descubrir si un menor lo sufre
El final del curso escolar no supone el fin del acoso para muchos menores. Aunque desaparecen las clases presenciales, el bullying puede continuar durante las vacaciones a través de las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y otras plataformas digitales, prolongando una situación que, en muchos casos, pasa desapercibida para las familias.
Así lo advierte la Asociación de Castilla y León contra el Bullying y el Acoso Escolar (ASCBYC), que insiste en que el verano puede convertirse en un momento clave para detectar las primeras señales de alarma. Al compartir más tiempo con sus hijos, los padres tienen una mayor oportunidad de observar cambios en su comportamiento que pueden indicar que el menor está sufriendo acoso.
La presidenta de la asociación, Carmen Guillén, explica que muchas de estas conductas suelen confundirse con cambios propios de la adolescencia, pero alerta de que las variaciones bruscas en las rutinas, el estado de ánimo o la forma de relacionarse con los demás no deben pasarse por alto.
Entre las principales señales de alerta que pueden observarse en el hogar figuran el aislamiento social, la tendencia a apartarse de la familia y los amigos, una tristeza persistente o episodios de llanto sin causa aparente. También son frecuentes las somatizaciones, como dolores de cabeza o de estómago, especialmente cuando la situación de acoso se prolonga en el tiempo.
La asociación también recomienda prestar atención a alteraciones del sueño o de la alimentación, cambios importantes en las rutinas diarias, la aparición de agresiones físicas visibles, la pérdida o rotura reiterada de objetos personales o material escolar y una bajada significativa del rendimiento académico durante el curso, que puede ser un indicador del malestar que arrastra el menor.
En los casos más graves, el acoso puede derivar en trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia o bulimia, así como en una actitud de evasión total, en la que el menor evita cualquier contacto con su entorno y muestra un rechazo constante a participar en actividades sociales o familiares, informa SALAMANCALDIA.
Desde ASCBYC subrayan que la comunicación y la confianza son fundamentales para afrontar estas situaciones. Carmen Guillén anima a las familias a hablar con sus hijos cuando detecten cualquier cambio preocupante y a no restar importancia a estos comportamientos.
"Padres, sabéis más o menos si vuestro hijo se levanta bien, si se levanta mal o triste, si se aísla, si cambia de rutinas o simplemente desaparece", señala la presidenta de la asociación, quien insiste en que la detección precoz resulta esencial para iniciar cuanto antes la intervención psicológica y social necesaria, evitando que el problema se agrave de cara al inicio del próximo curso escolar.