La mercería de Zamora que transforma hilos y cintas en un "museo" por Las Águedas
Entre hilos, botones y cintas centenarias, la mercería de Isidoro Prieto revive historias de Zamora. Este mes, con motivo de Las Águedas, la tienda se transforma en un pequeño museo donde cada objeto conserva recuerdos y tradiciones, invitando a clientes y curiosos a interactuar con la historia viva de la mercería. Pero no solo en esta festividad: durante el resto del año, Isidoro organiza exposiciones según su propia inspiración, llenando el espacio con piezas que le regalan o que encuentra, convirtiendo la tienda en un lugar donde pasado y presente se entrelazan constantemente.
Entre lo expuesto destacan objetos que parecen invisibles, pero que cuentan historias muy concretas: un marco de fotos de cuando Isidoro y Toñi Fonseca, que también pone apellido al local, se casaron, respaldos de sillas que ahora sirven para adornar estanterías, el horario de la tienda elaborado con números antiguos que se usaban para marcar precios en el escaparate, o una chapita para carro, diseñada para fijar objetos y que, tras años guardada, recupera su protagonismo. Y hasta una peineta centenaria. Cada pieza tiene su historia y su función, pero todas comparten un mismo propósito: conectar con la memoria de la ciudad y emocionar al visitante.
Entre colchas de más de 60 años, muestrarios de cintas centenarias y muebles con historia, la mercería se convierte en un espacio donde tradición, creatividad y utilidad conviven en armonía. “Convertir la tienda en museo me permite que los clientes interactúen con la historia viva de la mercería”, explica Isidoro. “Me gusta conocer la historia de los objetos que me traen o encuentro, ponerles vida”, añade.
La pasión por conservar y mostrar estas piezas no surge solo de la creatividad: muchas llegan gracias a la generosidad de quienes desean preservar su memoria, como Teresa, de la familia Llorente, de la reconocida mercería que abrió en Zamora en el año 1923 y de la que apenas queda rastro. Allí comenzó Isidoro a trabajar en 1977, hasta que en 2001 decidió abrir su propio espacio en Cortinas de San Miguel.
El local que hoy alberga la mercería ha tenido múltiples vidas: kiosco, tienda de música y, antes de todo eso, comercio de telas. Hasta 2001 cuando Isidoro subió la trapa de un negocio en el que ha sabido combinar la esencia de lo antiguo con elementos modernos. Esa mezcla no solo llama la atención, sino que mantiene la funcionalidad diaria del negocio. La creatividad de Isidoro no tiene fecha de caducidad. “Siempre te sale algo”, comenta. La inspiración surge de la observación y de la interacción con los clientes, cuya mirada aporta nuevas ideas y formas de mostrar la mercería.
El proyecto también es familiar: su hija Inma representa el relevo generacional, y su nieto Quique, de 11 años, podría ser la siguiente generación de merceros. “Eso aún no lo sabemos”, dice Isidoro entre sonrisas.
Este mes, el homenaje a Las Águedas sirve como excusa perfecta para que los zamoranos y zamoranas que aún no la conocen descubran la tienda y sus secretos. La mercería de Isidoro Prieto no es solo un lugar para comprar hilos, cintas o telas: es un museo vivo de recuerdos y creatividad, un proyecto de vida que celebra la memoria y la imaginación, donde pasado y presente se entrelazan con la misma pasión y dedicación.