Historias de una tierra que sigue adelante

EMPUJAR: Sayago en, y después del fuego, cuatro historias de una comarca que se niega a rendirse

Cuatro historias de Sayago
Alberto perdió olivos; Mar parte de la huerta; Naím lleva días combatiendo unas llamas que queman su propia tierra; Bárbara y José Luis tuvieron que abandonar Muga. Ninguno habla de rendirse. Los cuatro utilizan, de una u otra manera, la misma palabra: seguir.

Durante los últimos días hemos contado incendios...

Hemos contado hectáreas quemadas, evacuaciones, carreteras cortadas, reproducciones, noches sin dormir, helicópteros, BRIF, UME, bomberos, Guardia Civil y vecinos peleando contra unas llamas que se llevaron por delante una parte importante de Sayago.

Pero llega un momento en el que hay que mirar más allá del fuego. Porque después de las llamas permanecen las personas.

Y quizá para entender lo que está ocurriendo ahora en Fermoselle, Muga, Fariza y tantos pueblos de esta comarca no haya que hablar tanto de resiliencia, esa palabra que utilizamos constantemente después de cada catástrofe.

Quizá sea suficiente con emplear una palabra mucho más sayaguesa.

Empujar.

Empujar cuando estás cansado.

Empujar cuando has perdido.

Empujar cuando duele mirar alrededor.

Y, sobre todo, empujar juntos.

Alberto: “Ya resurgimos de las cenizas”

La Cicutina tiene memoria.

Durante generaciones fue uno de esos lugares que formaban parte de la vida cotidiana de Fermoselle. Allí bajaban los follacos a bañarse al Tormes, ese río que separa Zamora y Salamanca mientras atraviesa uno de los paisajes más impresionantes de los Arribes.

Verde, olivos, bancales y río. Hasta que llegó el fuego.

Desde aquella zona las llamas ascendieron buscando las cotas más altas hasta alcanzar el Arribe del Duero. Alberto conoce perfectamente ese paisaje.

Está detrás de Duroliva, una de las marcas que ha llevado el aceite zamorano fuera de nuestras fronteras, del Museo del Aceite y también de la estación de servicio de Bermillo de Sayago.

Y durante los peores días del incendio le tocó precisamente permanecer allí.

“Esta vez, en vez de tocarme en el campo, me ha tocado aquí en la estación de servicio”, explica.

alberto duroliva

Tres jornadas prácticamente de guardia mientras Sayago ardía.

También se han quemado olivos. Y la Cicutina ha quedado profundamente afectada. Pero Alberto tiene una ventaja: esto ya lo ha vivido.

“Ya tenemos la experiencia de 2017. Ya habíamos resurgido de las cenizas, nunca mejor dicho”.

No hay dramatismo en su respuesta.Hay memoria.

Y una conclusión:

“Ahora más que nunca, entre todos y apoyándonos entre todos, tendremos que tirar para adelante. Porque si no nos apoyamos nosotros mismos…”

No hace falta terminar la frase.

Se entiende perfectamente.

Mar Marcos: hay que seguir haciendo bocadillos

AYUDAR
Una cocina, cientos de bocadillos y esa filosofía suya que me parece maravillosa: los problemas se afrontan y adelante, adelante.

Mientras unos apagan incendios, otros cortan pan. La cocina del restaurante España de Fermoselle se convirtió durante estos días en otro pequeño frente contra el fuego.

Allí está Mar Marcos.

Pan abierto.

Tomate.

Lomo.

Bocadillos para quienes llevan horas peleándose contra las llamas.

Mar también ha perdido. Parte de la finca de donde salen algunos de los tomates y productos que después utiliza en su cocina ha sido alcanzada por el incendio.

Pero cuesta arrancarle una queja. Su filosofía es mucho más sencilla. Los problemas forman parte de la vida.

mar marcos

Se afrontan.

Se superan.

Y se continúa.

Adelante y adelante.

Mientras hablamos con ella continúa preparando comida.

Porque para Mar ayudar no nació con este incendio.

Lo hizo cuando comenzaron a llegar damnificados de Ucrania.

Lo volvió a hacer tras la DANA.

Y ahora lo hace con quienes están trabajando en Sayago.

No existe fotografía preparada.

Ni discurso.

Hay una cocina funcionando.

Una familia preparando bocadillos.

Y una mujer que entiende la solidaridad como parte de la normalidad.

Marcos es además una de las grandes embajadoras de la gastronomía zamorana. Ha defendido los productos de esta provincia dentro y fuera de Zamora y ha recibido reconocimientos en distintos puntos de España por su cocina.

Ahora tiene delante otro reto.

Que Fermoselle continúe.

Y su respuesta vuelve a ser la misma.

Ayudar.

Trabajar.

Y seguir.

Naím: apagar tu propia tierra duele de otra manera

Naím pertenece a las BRIF de Ricobayo.

Lleva trabajando desde el primer día.

Y quizá su testimonio sea el que mejor explique que un incendio no solamente desgasta físicamente.

“Es jodido”.

Lo dice sin adornos.

“Jodido porque te machaca la cabeza físicamente, psicológicamente, porque es un terreno precioso el que se está quemando”.

Después de tantos días hay cansancio acumulado.

Cuando parecía que la situación podía concederles algo de tranquilidad llegaron nuevas reproducciones.

naim

Tres.

Cuatro.

Otra vez a empezar.

Otra vez correr.

Otra vez atacar el fuego.

Y después apareció otro incendio en la zona de Fariza.

“Hubo que meter caña”.

No estamos escuchando a alguien que contempla el incendio desde fuera.

Está hablando un hombre que está ayudando a apagar su propia tierra.

Por eso duele de otra manera.

Pero incluso en ese momento aparece nuevamente el denominador común de esta historia:

“Trabajando y empujando por el pueblo siempre es un poco más fácil”.

Empujar.

Otra vez.

Los helicópteros continúan refrescando perímetros mientras las unidades terrestres vigilan cualquier posible reproducción.

Porque alrededor hay kilómetros de negro.

Pero siguen existiendo pueblos.

Y son esos pueblos los que hay que defender.

Bárbara y José Luis: eligieron Sayago y ahora Sayago también los elige a ellos

Bárbara y José Luis llegaron a Muga de Sayago hace años.

Ella canaria.

Él con raíces inglesas.

Hoy resulta complicado considerarlos otra cosa que sayagueses.

Son artistas.

Teatro, danza y cultura forman parte de su manera de entender la vida y también de su relación con los pequeños pueblos de la provincia.

Estos días conocieron otra cara de Sayago.

La del miedo.

“El fuego se quedó a 500 metros”.

Nunca habían vivido algo parecido.

Cuando la Guardia Civil indicó que había que marcharse, abandonaron Muga.

Desde la distancia quedó la incertidumbre.

¿Qué ocurriría con su casa?

¿Con el pueblo?

¿Con la residencia de mayores?

El fuego llegó muy cerca.

Pero no llegó.

bárbara y jose luis

Y cuando recuerdan aquellos momentos hay algo que aparece inmediatamente en la conversación.

Los vecinos.

Los bomberos.

La UME.

La gente de Muga.

Personas utilizando los medios que tenían a su alcance para defender su pueblo.

Al día siguiente, cuando volvió a reproducirse algún foco, allí estaban nuevamente.

Una veintena de vecinos junto a un camión de bomberos.

Bárbara y José Luis hablan de emociones fuertes, de una oscuridad inesperada y de quienes lo han perdido todo y necesitarán ayuda para reconstruir sus vidas.

Pero también hablan de creación.

Porque posiblemente de todo esto nazca algún día una obra.

Teatro.

Danza.

Arte.

Otra forma de reconstruir.

“Seguro que surgirá de aquí alguna creación”, reconoce José Luis.

Las emociones también pueden transformarse.

Incluso las malas.

Y esa quizá sea otra manera de empujar.

El paisaje está negro. Sayago no

Resultaría absurdo dulcificar lo ocurrido.

Hay familias, agricultores, ganaderos y empresarios que han sufrido pérdidas importantes.

Hay monte destruido.

Hay olivares, viñedos y fincas dañadas.

Hay un patrimonio natural que necesitará años para recuperarse.

Y habrá que hablar de responsabilidades, prevención, inversiones, ayudas y decisiones políticas.

Zamora News lo hará.

Pero esta historia es otra.

cicutina

Esta historia habla de lo que ocurre mientras llegan esas respuestas.

Una mujer prepara bocadillos.

Un empresario piensa cómo volver a levantar sus olivos.

Un bombero forestal exhausto continúa entrando contra las reproducciones.

Dos artistas evacuados regresan a su pueblo y descubren que quizá de todo aquello pueda surgir incluso una obra nueva.

Son cuatro historias.

Podrían ser cuarenta, cuatrocientas. Porque durante estos días Sayago ha demostrado algo que quienes conocen esta tierra ya sabían.

Aquí quizá nunca haya sobrado casi nada. Eso decía mi padre, natural de Sobradillo de Palomares....en Sayago no sobra nada...

Pero cuando vienen mal dadas siempre aparece alguien dispuesto a echar una mano.

El fuego ha dejado cicatrices. Algunas tardarán años en desaparecer.

Pero ni la Cicutina termina en unas hectáreas quemadas, ni Fermoselle es solamente la imagen de una columna de humo, ni Muga será recordada únicamente por una evacuación, ni Fariza por las llamas que amenazaron sus alrededores Ni en Bermillo se quedará nadie más en el pabellón si no es estrictamente necesario, ya sufrieron bastante aunque el cariño derrochado por todos los evacuados nos consta que ha sido y es mucho de toda la provincia.

Sayago continúa siendo el Duero y el Tormes.

Sus arribes.

Sus olivares.

Sus pueblos.

Su gastronomía.

Su cultura.

Y, principalmente, su gente.

Durante varios días hemos contado cómo ardía Sayago.

Ahora toca contar cómo se levanta.

Y quizá no haga falta ninguna palabra complicada para explicarlo.

Alberto la utiliza.

Naím también.

Mar lleva toda la vida practicándola.

Bárbara y José Luis la han descubierto estos días.

Empujar.

Empujar juntos. Empujar hacia adelante. Porque Sayago está herido. Pero Sayago sigue aquí.

cicutina pano