¿Cuándo fue la última vez que hablaste sin mirar el móvil?: Zamora pierde 338 palabras al día

Un hombre hablando por el móvil. Imagen de archivo

Un estudio internacional cifra en 338 palabras menos al día la caída anual de la conversación. En Zamora todavía sobreviven las charlas en los autobuses, los bares y las plazas de los pueblos, pero el móvil empieza a cambiar aquello que siempre nos había unido: hablar con los demás

Hay silencios que no se escuchan. Se notan.

Están en la mesa de un bar cuando cuatro personas se sientan juntas y cada una mira su teléfono. En el banco de una plaza cuando dos amigos comparten espacio pero no conversan. En una comida familiar interrumpida por las notificaciones. En el ascensor donde antes alguien decía «qué calor hace hoy» y ahora apenas se levanta la vista de la pantalla.

Cada año hablamos unas 338 palabras menos al día. No es una impresión ni una de esas frases que circulan por las redes sociales sin respaldo. Es el resultado de una investigación publicada en Perspectives on Psychological Science por los psicólogos Valeria A. Pfeifer y Matthias R. Mehl.

Y el dato obliga a hacerse una pregunta incómoda: ¿qué estamos dejando de decir?

Los investigadores analizaron las grabaciones ambientales de 2.197 personas de entre 10 y 94 años, procedentes de 22 estudios realizados entre 2005 y 2019. Al comparar los datos descubrieron una tendencia constante: por cada año transcurrido, las personas pronunciaban de media 338 palabras menos cada día.

La diferencia acumulada resulta mucho más llamativa. La estimación de palabras pronunciadas diariamente pasó de alrededor de 15.959 en el estudio de referencia de 2007 a 12.792 en el conjunto de los datos posteriores.

No significa que nos hayamos quedado sin vocabulario. Significa que hablamos menos.

Y quizá lo más interesante del estudio no sean las grandes conversaciones que han desaparecido, sino las pequeñas.

La charla con el vecino que encontramos en el portal. La conversación con el tendero mientras pesa unas manzanas. El comentario espontáneo a un desconocido en una parada de autobús. Preguntar una dirección. Comentar el tiempo. Saludar a alguien cuyo nombre ni siquiera conocemos.

338 palabras pueden parecer poca cosa. Pero son más de 120.000 palabras menos pronunciadas al cabo de un año.

El móvil no es el único culpable, pero ha cambiado las reglas

La investigación no demuestra que el teléfono móvil sea directamente responsable del descenso. Los autores son mucho más prudentes que algunos de los titulares que han acompañado al estudio. Los datos terminan en 2019 y no permiten establecer una relación causal con los smartphones, las redes sociales o la inteligencia artificial.

Pero resulta difícil ignorar el cambio de hábitos ocurrido durante esos años.

Hoy podemos pedir comida sin hablar con nadie, orientarnos sin preguntar a un desconocido, comprar sin pasar por una caja atendida, enviar un mensaje en lugar de llamar y mantener una conversación entera sin que nuestras voces lleguen a encontrarse.

La tecnología ha conseguido algo extraordinario: comunicarnos constantemente sin necesidad de hablar.

Y ahí aparece la paradoja.

Podemos estar en contacto con cientos de personas y, al mismo tiempo, mantener cada vez menos conversaciones cara a cara.

El estudio encuentra además una caída más pronunciada entre los menores de 25 años: alrededor de 452 palabras habladas menos cada año, frente a unas 314 entre los mayores de esa edad.

No es necesariamente que los jóvenes tengan menos cosas que decir. Quizá simplemente las dicen en otro sitio.

La conversación que se ha perdido no cabe en WhatsApp

Porque una conversación no son solamente palabras.

Está la mirada. El gesto. La pausa. La risa inesperada. El tono con el que alguien dice «estoy bien» cuando, en realidad, no lo está. La posibilidad de que una conversación empiece hablando del calor y termine hablando de la vida.

Eso no se sustituye exactamente con un mensaje.

Los propios investigadores señalan que todavía no sabemos si las palabras escritas compensan la disminución de las palabras habladas. Podemos escribir más y hablar menos, pero ambas formas de comunicación no tienen necesariamente el mismo efecto social.

Y aquí aparece otra cuestión todavía más inquietante: la soledad.

Porque quizá la pérdida no sea únicamente lingüística. Quizá también estamos perdiendo pequeñas dosis diarias de compañía.

No hace falta vivir completamente solo para sentirse solo. A veces basta con que desaparezcan los pequeños contactos que durante décadas cosieron la vida cotidiana: el saludo, la conversación breve, el comentario absurdo, la broma con el camarero, la pregunta al vecino.

Son interacciones aparentemente insignificantes.

Hasta que dejan de existir.

Zamora también puede hacerse esta pregunta

En una ciudad como Zamora, donde todavía es habitual encontrarse con alguien conocido al bajar a comprar el pan, sentarse en una terraza o caminar por una plaza, la pregunta adquiere una dimensión especialmente cercana.

¿Cuántas conversaciones mantenemos ahora que hace diez años habríamos mantenido de otra manera?

¿Cuántas veces miramos el móvil mientras alguien nos habla?

¿Cuántas comidas compartimos sin llegar a conversar realmente?

¿Cuántas veces evitamos preguntar algo porque podemos buscarlo en Google?

¿Cuántos vecinos conocemos de vista pero jamás hemos llegado a conocer de verdad?

Y, sobre todo, ¿cuántas conversaciones estamos dejando para después porque siempre creemos que habrá tiempo?

El estudio no dice que vayamos inevitablemente hacia una sociedad muda. Tampoco demoniza la tecnología. De hecho, los investigadores advierten de que todavía hacen falta datos posteriores a 2019 para saber qué ha ocurrido después.

Pero sí deja una cifra difícil de ignorar: 338 palabras menos cada día por cada año de tendencia estudiado.

Tal vez sean 338 palabras sin importancia.

O tal vez sean 338 oportunidades perdidas de preguntar, escuchar, contar, reír, discutir, consolar, conocer a alguien o simplemente decirle a otra persona:

«¿Qué tal estás?»