El pendón que vuela más alto: por Ilde, por Cozcu y por los que nunca se van
Hace años que te fuiste demasiado pronto, con solo 55 años, dejando a Paqui, a Adri, a Ester y un vacío imposible de llenar para todos los que tuvimos la suerte de compartir vida contigo. Pero mira… aquí seguimos. Más viejos, más cansados, más golpeados quizá… pero acordándonos de ti cada vez que el viento mueve el pendón de tu pueblo.
Y hoy volvió a hacerlo.
Cruzó el Duero por el Puente de Piedra, ese que tantas veces vimos roto, arreglado, discutido y remendado. Subió hacia Zamora entre gaitas, cordeles y gente mirando hacia arriba. Y yo solo podía mirarlo pensando en ti.
En aquel vecino de mus de órdago. En aquel cabrón maravilloso que hacía tortillas de patata capaces de parar guerras. En el amigo que en una habitación del Virgen de la Concha, mientras la vida se escapaba demasiado rápido, me dejó un encargo sencillo y enorme al mismo tiempo:
“Cuida de los míos vecino, todo lo que puedas”.
Y oye… se cuidan solos bastante bien. Adri ya es un mozo de los que merecen la pena, de los que hacen sentir orgullo. Paqui sigue siendo de bandera, peleando contra los achaques con esa sonrisa pelirroja que nunca se rinde. Y Ester, aunque hace tiempo que no la veo, sé por Adri que navega viento en popa.
Pasa el tiempo, Ilde. Y nos hacemos mayores sin pedir permiso.
Pero hay cosas que no cambian. Como pasar por Cozcurrita y parar a verte. Como acercarse al arribe donde volaron tus cenizas y recordar aquella traca que te tiré en tu honor. Porque claro… yo soy de petardos y fuegos artificiales. Y tú aún te reías diciéndome:
“Nuncha hubo fuegos artificiales en Cozcu… pero tú vecino tenías que liarla”.
Y la lié.
Como aquella vez en tu 55 cumpleaños. Los cohetes, tu cara, la de los tuyos, las risas del pueblo… pequeñas cosas que ahora son gigantes.
Hoy me dejaron tocar el pendón. Llevar un rato la cuerda por ti.
Y no pude más.
Lloré.
Y sé que te jodería verme llorar porque no soportabas el sufrimiento ni los dramas. Pero qué quieres que te diga… me dejaste solo ante demasiado peligro. Y del de verdad.
Así que hoy va por ti.
Por Cozcu.
Por Sayago.
Por los vecinos de antes.
Por las partidas de mus.
Por los chatos de vino.
Por los pitillos compartidos.
Por la gente buena que hacía pueblo sin darse cuenta.
Ojalá hubiera más personas como tú en este mundo.
Seguramente muchas de las cosas que pasan ahora no estarían pasando.
Un abrazo vecino.
Y donde estés… prepara las cartas, enfría el vino y guarda sitio en la mesa.
Te echo muchísimo de menos.