Dormir con sábana… y hasta con manta: los pueblos más frescos de Zamora para escapar del calor del verano

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Mientras buena parte de España se prepara para noches tropicales por encima de los 25 grados, la provincia de Zamora guarda un tesoro climático que cada verano gana más adeptos: pueblos donde todavía es posible abrir la ventana al anochecer y dormir tapado.

Cada vez son más los zamoranos que, cuando el termómetro supera los 35 o 40 grados en la capital y en buena parte de la provincia, hacen las maletas rumbo a esos rincones donde el aire sigue oliendo a montaña, a robles y a humedad. Lugares donde el aire acondicionado es casi un lujo innecesario y donde una simple sábana, e incluso una manta fina, vuelven a formar parte del descanso nocturno.

Porque sí, en Zamora todavía existen esos pequeños oasis climáticos.

Robleda-Cervantes, la reina del fresco

Si hay un nombre propio cuando se habla de noches frías en verano, ese es Robleda-Cervantes.

Situada en plena comarca de Sanabria y rodeada de bosques y montaña, esta localidad es considerada desde hace años uno de los lugares con las temperaturas mínimas más bajas y constantes de toda la provincia. No es extraño que incluso en julio o agosto el termómetro descienda hasta obligar a cerrar la ventana de madrugada.

Quienes pasan allí el verano lo saben bien: dormir arropado sigue siendo una costumbre.

El triángulo del frío zamorano

Existe otro rincón de la provincia que los aficionados a la meteorología conocen perfectamente.

El formado por Santa Eulalia de Rionegro, Villanueva de Valrojo y el entorno de Camarzana de Tera constituye uno de los enclaves donde las inversiones térmicas dejan registros sorprendentes durante buena parte del año.

En estas localidades las madrugadas pueden ser varios grados más frías que en otros puntos cercanos gracias a la orografía y a la acumulación de aire frío.

Santa Eulalia de Rionegro se ha convertido incluso en una referencia entre los observadores meteorológicos por registrar mínimas extraordinarias fuera de la red oficial de estaciones.

Villanueva de Valrojo, por su parte, aparece año tras año entre las localidades con las noches más frescas del interior zamorano.

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Villardeciervos, otro clásico del verano

A los pies de la Sierra de la Culebra, Villardeciervos completa este particular mapa del frescor.

Su altitud, el entorno forestal y la cercanía de grandes masas de vegetación permiten que las temperaturas nocturnas bajen con rapidez una vez desaparece el sol.

Mientras en otras zonas cuesta conciliar el sueño por el calor acumulado, aquí las terrazas comienzan incluso a vaciarse cuando refresca al caer la noche.

El lujo de dormir bien

En una época donde las llamadas noches tropicales y ecuatoriales son cada vez más frecuentes debido al cambio climático, estos pueblos representan un pequeño privilegio natural.

No solo permiten descansar mejor. También invitan a pasear al amanecer, desayunar con chaqueta ligera o disfrutar de una conversación al aire libre sin buscar desesperadamente un ventilador.

Muchos visitantes descubren además que ese frescor nocturno se traduce en jornadas mucho más agradables para practicar senderismo, recorrer los bosques de Sanabria o simplemente desconectar del ritmo de la ciudad.

Un turismo que busca temperatura

Cada verano aumenta el número de personas que ya no eligen únicamente su destino por la playa o la piscina.

Cada vez son más quienes buscan clima, tranquilidad y descanso.

Y en ese aspecto Zamora juega con ventaja.

Mientras otras provincias pelean contra noches sofocantes, aquí todavía sobreviven rincones donde el verano sigue pareciéndose al de hace varias décadas.

Dormir con la ventana abierta.

Escuchar únicamente los grillos.

Y, antes de que amanezca, echar mano de esa manta que parecía que no iba a hacer falta.

Porque en Zamora, aunque el calor apriete, todavía quedan pueblos donde el verano también sabe a fresco.

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