España no se arrodilla, Israel acosa, acusa y la jura en plan matón
Lo que estamos viendo estos días con el gobierno de Benjamin Netanyahu no es diplomacia. Es presión. Es pulso. Es intentar marcar territorio a base de gestos que buscan intimidar a quienes no siguen el guion. Es chulería porque papi USA no sabe ni a que juego jugar.
Y España ha dicho que no.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez podrá gustar más o menos, pero en este punto ha hecho algo que no siempre es habitual: no ceder. No alinearse automáticamente. No entrar en una dinámica de bloques donde parece que solo hay una opción válida. Y eso une a todos los españoles porque Netanyahu acusa a España, no a su gobierno ni a Pedro Sánchez sino a todos los españoles. Y lecciones a España tras todo lo sufrido no y no.
Porque hay algo que cada vez más ciudadanos tienen claro: esta guerra no es nuestra. Ni la de Gaza, ni la que llevará a otro genocidio en el Líbano, ni la escalada con Irán. Y, sin embargo, se nos empuja constantemente a posicionarnos como si no hubiera alternativa.
La hay.
Se llama sentido común. Se llama derecho internacional. Y se llama no mirar hacia otro lado cuando la respuesta a los conflictos sigue siendo más violencia. El NO a la guerra es nuestro de España, se han apuntado, Francia, Italia y otros tantos y tantos países que no van a consentir más las presiones de los matones en el patio del colegio llamado mundo.
¿Que ahora vienen las amenazas? ¿Que se tensan relaciones? ¿Que se juega la carta diplomática para incomodar a España? Pues quizá el problema no está en quien mantiene una postura prudente, sino en quien pretende que todos los demás la abandonen.
Porque la soberanía no es un concepto vacío. Significa poder decir “no” sin que te pasen factura. Significa no aceptar que nadie —sea quien sea— te marque los límites de tu política exterior.
Y si la respuesta a esa firmeza es subir el tono, España tiene que hacer justo lo contrario: mantenerse firme… y respaldarlo.
Respaldarlo desde las instituciones, sí. Pero también desde la calle.
Porque no sería la primera vez que la sociedad española sale a decir alto y claro que no quiere guerras ajenas, que no acepta imposiciones y que no está dispuesta a callar cuando se cruzan ciertas líneas.
No va de bandos. Va de principios.
Y si algo ha demostrado este país en otros momentos de tensión internacional es que, cuando toca elegir, sabe perfectamente de qué lado quiere estar.
No del ruido.
No de la presión.
No de la amenaza.
España no se arrodilla y no fue nunca antisemita, nos dolió el holocausto, pero que tengan claro los israelitas que su tierra y su espacio se pactó tras los acuerdos internacionales que hay que respetarlos, no vale pasárselos por el forro y menos hacer guerras sucias y sin sentido. El horror al que fueron sometidos los judíos, parece no haberles enseñado nada tras una guerra mundial que les hizo un daño más que importante.