Kenny Noyes y los zamoranos de Disidentes, unidos por la pasión de las dos ruedas
Los Disidentes conquistan Cheste: velocidad, formación y pasión motera en el Noyes Camp. De Zamora al Ricardo Tormo: un fin de semana para sentirse piloto
Hay experiencias que todo motorista debería vivir al menos una vez. Y para los integrantes del grupo motero Disidentes, el Noyes Camp se ha convertido ya en una cita obligada marcada en rojo en el calendario.
Un año más, varios miembros del grupo zamorano pusieron rumbo al Circuit Ricardo Tormo de Cheste para disfrutar de un fin de semana donde la convivencia, la formación y la pasión por las dos ruedas se mezclan en un escenario único bajo la dirección de uno de los nombres más respetados del motociclismo internacional: Kenny Noyes.
La emoción comienza mucho antes de llegar a Valencia. Durante el viaje, los mensajes, las llamadas y las conversaciones entre compañeros van elevando la temperatura de una aventura que todos esperan durante meses. Poco a poco aparece el llamado "modo rider", esa sensación que solo entienden quienes viven la moto más allá de un simple medio de transporte.
Un paddock de lujo
El sábado amanece sin necesidad de despertador. Las ganas de rodar hacen el resto.
Nada más llegar al circuito, los participantes son recibidos por Mario, pieza fundamental en el funcionamiento de la escuela y auténtico guardián de las motos que durante todo el fin de semana estarán a disposición de los alumnos.
Allí esperan también Kenny Noyes e Iana, responsables de una organización impecable que convierte cada edición en una experiencia difícil de olvidar.
Junto a ellos, un plantel de instructores de primer nivel.
Iván Romero, piloto del Mundial de Resistencia.
Marc Luna, expiloto europeo de Moto2 y comentarista del Mundial de Superbikes.
Y Rubén Romero, una de las jóvenes promesas del motociclismo español que compite actualmente en el FIM Junior GP de Moto2.
Verlos rodar a pocos metros impresiona.
Pero lo que más sorprende es la cercanía con la que comparten conocimientos y corrigen errores.
Aprender de los mejores
Uno de los aspectos más valorados por los participantes es precisamente la implicación de los monitores.
No se limitan a observar desde fuera.
Analizan.
Corrigen.
Aconsejan.
Se detienen durante las tandas para explicar errores de trazada, posición o frenada.
Comentan detalles durante los descansos y comparten experiencias incluso durante las comidas.
El objetivo es claro: mejorar el nivel de pilotaje de cada participante aumentando al mismo tiempo la seguridad sobre la moto.
Y lo consiguen.
Porque durante dos días cualquier aficionado tiene la sensación de convertirse en piloto profesional.
La emoción de la Superpole
La tarde del sábado llega uno de los momentos más esperados.
La Superpole.
Una vuelta.
Una misma moto.
Sin referencias.
Solo el piloto frente al cronómetro.
Los tiempos obtenidos determinan posteriormente los emparejamientos para las carreras Formula USA, un formato espectacular donde los adelantamientos se suceden curva tras curva y donde cada participante lucha por acceder a la Final A del domingo.
La competitividad aparece, pero siempre bajo el espíritu de compañerismo que caracteriza al Noyes Camp.
Domingo de carreras y adrenalina
Si el sábado sirve para aprender, el domingo llega el momento de ponerlo todo en práctica.
Tras varias tandas de calentamiento con motos de menor cilindrada, la atención se centra en las esperadas Kawasaki Ninja 250 preparadas para circuito.
Motos puramente racing.
Estriberas elevadas.
Semimanillares bajos.
Suspensiones exigentes.
Y una conducción que obliga a sacar lo mejor de cada piloto.
Superado el periodo de adaptación, la diversión se dispara.
También la adrenalina.
Y con ella llegan las carreras finales y la esperada Superfinal donde compiten los pilotos más rápidos del fin de semana.
Reconocimiento para los Disidentes
La ceremonia de clausura dejó además un protagonismo especial para los representantes zamoranos.
Héctor recibió el reconocimiento al piloto con mayor evolución durante el curso, premio que pone en valor su progresión y capacidad de aprendizaje.
Por su parte, José Luis y Paco fueron distinguidos como los pilotos más veteranos de la edición, demostrando que la pasión por las motos no entiende de edad.
Mucho más que motos
Pero el Noyes Camp es mucho más que curvas, cronómetros y carreras.
Es también convivencia.
Piscina.
Conversaciones interminables sobre pilotaje.
Fotografías de grupo.
Comidas compartidas.
Y una sensación de pertenencia a una gran familia que hace que cada despedida tenga algo de nostalgia.
Porque cuando terminan las tandas y se apagan los motores, lo que permanece son las amistades, los recuerdos y la satisfacción de haber compartido una experiencia única.
Los Disidentes regresaron a Zamora con nuevas enseñanzas, nuevas anécdotas y muchas ganas de volver.
Y es que cuando aprendizaje y diversión se encuentran sobre dos ruedas, el resultado solo puede ser uno: un fin de semana inolvidable.