El Mundial de Trump, la FIFA muda y el fútbol que olvidó la libertad
Nos cuentan que el fútbol une pueblos. "La FIFA descubrió hace tiempo que los petrodólares, los contratos televisivos y los patrocinadores pesan bastante más que los derechos fundamentales. El balón sigue rodando; la coherencia hace años que pidió el cambio."
Nos dicen que el deporte derriba fronteras.
Nos repiten que los Mundiales son la gran fiesta global de la convivencia.Y luego llega la realidad y nos da una patada en toda la línea de flotación. Y claro lo hace en el país más libre del mundo? Mentira cainita.
Un árbitro senegalés no puede entrar en Estados Unidos por problemas de visado. La selección de Irán vive pendiente de restricciones, controles y condicionantes políticos para poder competir. Miles de aficionados de determinados países se enfrentan a incertidumbres burocráticas que nada tienen que ver con el deporte. Y mientras tanto la FIFA sigue hablando de goles, patrocinadores, retransmisiones y ceremonias de inauguración. Todo normal.
O eso parece.
Porque si algo ha demostrado el fútbol moderno es una capacidad infinita para mirar hacia otro lado cuando el negocio está garantizado.
Resulta curioso observar cómo determinados organismos deportivos se convierten en auténticos guardianes de los derechos humanos cuando les interesa y en estatuas de sal cuando los intereses económicos pesan más que los principios.
Por mucho menos se montan campañas internacionales, comunicados oficiales y tormentas mediáticas. Por mucho menos se organizan boicots culturales. Por mucho menos se exige ejemplaridad a países, instituciones y organizaciones.
Pero cuando hablamos de un Mundial en Estados Unidos parece que todo vale.
Y no, la crítica no va únicamente contra el presidente estadounidense Donald Trump ni contra sus políticas migratorias o de control fronterizo.
La crítica va también contra quienes callan.
Contra quienes aceptan.
Contra quienes consideran que el espectáculo debe continuar aunque algunos no puedan ni siquiera cruzar la puerta de entrada.
Porque un Mundial no es solamente un torneo deportivo. Es una declaración de principios. Es la imagen que un país proyecta al planeta. Es el escaparate más potente que existe en el deporte internacional.
Y si un árbitro designado por la propia organización tiene problemas para acceder al país anfitrión, algo falla.
Si determinadas selecciones viven bajo sospecha permanente por cuestiones geopolíticas, algo falla.
Si los derechos de circulación dependen más del pasaporte que del mérito deportivo, algo falla.
Y si la FIFA permanece cómodamente instalada en el silencio mientras recauda miles de millones, entonces falla todavía más.
Lo más sorprendente es la resignación general.
Federaciones, selecciones, patrocinadores, televisiones y gobiernos parecen haber asumido que estas son las reglas del juego. Que mientras el balón ruede, todo lo demás es secundario.
El problema es que el fútbol lleva años queriendo venderse como mucho más que un deporte.
Habla de inclusión.
Habla de igualdad.
Habla de diversidad.
Habla de integración.
Y luego acepta sin apenas rechistar situaciones que chocan frontalmente con esos mismos discursos. Por tanto los principios fundamentales y los valores se han perdido definitivamente.
Quizá el problema no sea Estados Unidos.
Quizá el problema sea la enorme facilidad con la que el dinero consigue silenciar las críticas.
Porque cuando hay contratos multimillonarios, derechos televisivos planetarios y patrocinadores globales, los principios suelen viajar en clase turista. Mientras tanto, millones de aficionados seguiremos viendo los partidos, animando a nuestras selecciones y soñando con los goles de España.
Ojalá gane.
Ojalá haga historia.
Pero también ojalá alguien recuerde que la libertad, la igualdad de oportunidades y el respeto a las personas no deberían quedarse fuera del estadio junto a los controles de seguridad.
Porque si un Mundial presume de unir al mundo, lo mínimo exigible es que el mundo pueda entrar cosa que no ocurre ni ocurrirá si seguimos tragando mierda y comiendo discursos de libertad...la de solo los poderosos.