Zamora, la ciudad que forjó la Corona de Isabel la Católica
Zamora, el escenario olvidado donde Isabel la Católica ganó su corona
Una historia a la sombra de la leyenda
Cuando se cuenta la ascensión de Isabel I de Castilla al trono, las crónicas suelen llevar al lector por escenarios como Segovia, Burgos o la corte de Valladolid. Pocas veces se detienen en una ciudad que fue vital para su triunfo: Zamora. Situada a orillas del Duero, en la frontera con Portugal, la capital zamorana era en el siglo XV una plaza de murallas imponentes y carácter rebelde. Su papel durante la Guerra de Sucesión Castellana (1475–1479) fue decisivo: aquí se libraron asedios, aquí se tramaron alianzas y desde aquí se consolidó el poder de los futuros Reyes Católicos.
En esta columna recorreremos las intrigas militares y políticas que convirtieron a Zamora en una pieza clave del tablero medieval. Descubriremos cómo su gente expulsó al invasor portugués, cómo Fernando el Católico convirtió la ciudad en su cuartel general y cómo, como recompensa, Isabel y Fernando otorgaron a los zamoranos un privilegio que sigue vivo en la memoria local. También veremos cómo la huella de aquellos años resuena en la feria del Botijero, en las Leyes de Toro de 1505 y en las leyendas que aún se susurran en las calles empedradas.
Un reino dividido y una ciudad en la mira
La muerte de Enrique IV de Castilla en 1474 abrió una profunda fractura en el reino. Su hija Juana de Trastámara, apodada la Beltraneja, fue proclamada reina por parte de la nobleza, pero el bando contrario defendía la legitimidad de Isabel, media hermana del difunto monarca. La guerra que estalló a continuación fue tanto sucesoria como internacional: Juana se casó con su tío, Alfonso V de Portugal, de modo que los ejércitos portugueses entraron en Castilla apoyados por Francia.
Por su situación geográfica, Zamora se convirtió enseguida en una pieza estratégica. Desde aquí se podía atacar hacia Valladolid y Medina del Campo, donde residían Isabel y Fernando. Además, su cercanía a Portugal la convertía en un punto natural de invasión y de resistencia.
La llegada de los portugueses
El 25 de mayo de 1475 Alfonso V cruzó la frontera con un ejército que alcanzó Toro y Zamora, amenazando el corazón de Castilla. Los portugueses ocuparon la ciudad y colocaron una guarnición en el castillo, instalándose en las casas y enviando emisarios a las villas vecinas. Zamora, famosa por su fidelidad a la monarquía, quedó bajo control enemigo. En esta primera fase, Fernando no tuvo más remedio que retirarse; carecía de fuerzas para un asalto directo y esperó su momento.
Un pueblo que se subleva
La oportunidad llegó a finales de 1475. El 4 de diciembre de ese año, parte de la guarnición portuguesa se rebeló contra Alfonso V. La noticia encendió a los vecinos: algunos caballeros zamoranos organizaron en secreto la entrada de Fernando el Católico por una de las puertas de la muralla. Al día siguiente, el monarca aragonés se presentó en Zamora; los sublevados le abrieron el portón y expulsaron al enemigo. El castillo siguió en manos portuguesas, pero la ciudad acogió jubilosamente a Fernando.
Esta gesta popular es parte esencial de la memoria local. Los documentos conservados en el Archivo Histórico Provincial de Zamora cuentan que, tras expulsar al adversario, la ciudad quedó «al servicio» de los Reyes. La hazaña consolidó la reputación de los zamoranos como buenos y leales vasallos.
Zamora, cuartel general de Fernando
Con la ciudad en su poder, Fernando la convirtió en su cuartel general durante la guerra de sucesión. Desde Zamora dirigió las operaciones que permitieron recuperar villas leonesas y vigilar los movimientos portugueses. Las crónicas militares recuerdan que Fernando concentró aquí un ejército considerable, con caballería y peones, reforzando las murallas y organizando salidas hacia Toro y otras plazas.
Cuando Alfonso V volvió a atacar en febrero de 1476, su objetivo era romper el cerco y recuperar Zamora. El príncipe Juan, hijo de Alfonso, salió de Toro y cercó a Fernando en la ciudad. El asedio, sin embargo, se volvió en contra de los portugueses. Las crónicas contemporáneas señalan que el invierno zamorano fue implacable y que la falta de víveres comenzó a causar estragos en el campamento enemigo. El 1 de marzo de 1476 Alfonso levantó el cerco y se retiró hacia Toro; las tropas de Fernando lo persiguieron hasta la pradera de Peleagonzalo. Allí tendría lugar la célebre Batalla de Toro.
La batalla de Toro: mucho más que un combate
La batalla de Toro fue un choque breve y confuso, pero con repercusión política enorme. El enfrentamiento comenzó al amanecer del 1 de marzo de 1476: la vanguardia portuguesa atacó, pero fue detenida por las fuerzas del cardenal Mendoza; el duque de Alba flanqueó a los portugueses y provocó desorden en sus filas. Tras más de tres horas de lucha, los estandartes enemigos fueron capturados.
Aunque militarmente el resultado fue incierto —el ala derecha portuguesa, dirigida por el príncipe Juan, resistió y se retiró ordenadamente—, políticamente supuso la ruptura del bando juanista. Los portugueses volvieron a su país con Alfonso y Juana, y Castilla se decantó mayoritariamente por Isabel y Fernando.
Primer hospital de campaña
Un episodio notable de la batalla fue la creación del primer hospital de campaña por parte de Isabel la Católica. Cronistas del Museo del Ejército recogen que la reina, impresionada por la muerte de soldados en la retaguardia por falta de atención, instaló seis tiendas con medicinas, ropas limpias y personal sanitario. Este precedente se repetiría luego en la guerra de Granada y se considera pionero en Europa.
El premio real: la Feria del Botijero
Tras la batalla, los Reyes Católicos recompensaron a Zamora por su lealtad y valor. Un privilegio real otorgado en Madrigal de las Altas Torres el 7 de mayo de 1476 concedió a la ciudad una feria franca de 22 días. Según el director del Archivo Histórico Provincial, este privilegio fue una recompensa «por la ayuda dada a las tropas reales en la Batalla de Peleagonzalo».
El documento —confirmado en Sevilla el 21 de diciembre de 1477— eximía a los comerciantes de pagar impuestos durante la feria. La intención, según el texto, era que los vecinos fueran «más ricos y honrados» y que la ciudad se beneficiara de la exención de alcabalas.
Del Botijero al Stock: una feria que perdura
Durante siglos, la Feria del Botijero se celebró en Cuaresma. Atraía a ganaderos, artesanos, juglares y músicos. Con el tiempo, la feria de ganado derivó en una feria de mercaderías y atracciones; aún hoy, cuando los zamoranos pasean por la Feria del Stock de Ifeza o disfrutan de los «caballitos» en el Campo de la Verdad, están participando en una tradición que se remonta a aquel privilegio de 1476.
Las Leyes de Toro: herencia legal
El impacto de los Reyes Católicos en la provincia no termina en Zamora. A escasos 30 kilómetros, la ciudad de Toro acogió en 1505 la promulgación de las Leyes de Toro. Este conjunto de 83 normas, aprobado el 7 de marzo bajo el reinado de Juana I, hija de Isabel, consolidó la unificación jurídica iniciada por su madre. Las leyes abordaban el derecho sucesorio, matrimonial, civil y penal, y estuvieron vigentes —con adaptaciones— hasta la aprobación del Código Civil en 1889.
Aunque las leyes se promulgaron cuando Isabel ya había fallecido, surgieron de su empeño por dotar al reino de un sistema de justicia moderno. La elección de Toro como sede subraya de nuevo la importancia de la región en el imaginario de los Reyes Católicos.
Huellas en la Zamora actual
Quinientos años después, Zamora sigue recordando aquellos días de guerra y privilegios. La Avenida de los Reyes Católicos atraviesa la ciudad como un homenaje a la pareja real. La Plaza Mayor, cuya configuración actual se remonta a esa época, fue centro de celebraciones y proclamaciones reales. En Toro, un arco recuerda la promulgación de las leyes de 1505.
Las historias también perviven en la tradición oral. Algunos guías locales cuentan que la puerta por la que entró Fernando aún se distingue en la muralla; otros narran que los zamoranos escondieron armas en tinajas para sorprender a los portugueses. Estas leyendas, aunque difíciles de documentar, ilustran cómo la memoria colectiva mantiene viva la epopeya.
Anécdotas y personajes: la dama de Arintero y los caballeros zamoranos
Juana García, la dama de Arintero
Durante la guerra, una joven leonesa llamada Juana García, conocida como la Dama de Arintero, se convirtió en símbolo de valentía femenina. La leyenda relata que, al morir su padre en combate, Juana se disfrazó de hombre para tomar su lugar en el ejército de Isabel. Participó en varias batallas y, tras la victoria, pidió al rey Fernando que concediera privilegios a su pueblo. Aunque la historia se sitúa más en la región leonesa, los zamoranos la sienten cercana porque el eco de sus hazañas resonó en todas las villas que lucharon por Isabel.
Los caballeros que abrieron las puertas
La crónica del Archivo Histórico Provincial de Zamora describe con detalle a los caballeros que conspiraron para recuperar la ciudad en 1475. Según el documento, ellos «juntaron forma» para que el rey Fernando «entrase por la puerta de la ciudad». No se conservan sus nombres en la memoria popular, pero su gesto quedó grabado en el privilegio de la feria.
El invierno que derrotó al portugués
Aunque los ejércitos de Alfonso V cercaron Zamora con tropas portuguesas y castellanas, fue el frío el que inclinó la balanza. El invierno de 1475–1476 se recuerda en las crónicas por sus intensas heladas. El ejército portugués, a la intemperie, sufrió hambre y enfermedades; en cambio, los zamoranos podían abastecerse a través del Duero y las tierras circundantes. Esta combinación de resistencia humana y clima adverso explica por qué Alfonso se retiró sin lograr su objetivo.
Zamora en el relato de la sucesión: más allá de las armas
La historia de la Guerra de Sucesión Castellana suele contarse como un duelo entre nobles, reyes y alianzas internacionales. Pero Zamora demuestra que la voluntad de una ciudad puede cambiar el curso de una monarquía. Su población no solo resistió una invasión extranjera, sino que abrió sus puertas a su futuro rey y lo convirtió en su huésped.
Además, la recompensa real —una feria franca— convirtió a Zamora en un centro económico durante siglos. La feria no solo atrajo comercio; también fijó población y dio origen a actividades festivas que aún perduran. La promulgación de las Leyes de Toro, por su parte, demuestra que la región continuó siendo fundamental en la construcción jurídica de España.
En definitiva, Zamora fue más que un escenario; fue un actor. Su lealtad fue reconocida por los Reyes, su sacrificio recompensado y su nombre asociado para siempre a los orígenes de la España moderna.
La ciudad que merece su lugar en la historia
Contar la historia de Isabel la Católica sin mencionar a Zamora es omitir uno de los pilares de su triunfo. Aquí se selló la fidelidad de una tierra fronteriza; aquí el invierno doblegó a un ejército invasor; aquí nació una feria que aún se celebra y se gestó una legislación que marcó siglos.
Zamora no fue escenario de un gran tratado ni de una coronación, pero fue el lugar donde se ganó la corona. Recordar su papel es hacer justicia a una ciudad que, lejos de las grandes capitales, sostuvo a los Reyes Católicos en los momentos más difíciles y dejó una huella indeleble en la historia de España.
Referencias
- La invasión portuguesa de 1475 alcanzó Toro y Zamora, amenazando Valladolid y Medina del Campo.
- El 4 de diciembre de 1475 parte de la guarnición de Zamora se rebeló contra Alfonso V; la ciudad abrió sus puertas a Fernando.
- El ejército portugués, reforzado por el príncipe Juan, cercó a Fernando en Zamora; el duro invierno obligó a Alfonso a retirarse.
- La batalla de Toro se libró el 1 de marzo de 1476 y fue una victoria política para los isabelinos.
- Isabel la Católica organizó uno de los primeros hospitales de campaña junto a la ciudad de Toro.
- El privilegio de la feria franca de Zamora fue otorgado el 7 de mayo de 1476 y confirmado en 1477 como recompensa por la ayuda de la ciudad.
- El documento de privilegio explica que algunos caballeros de Zamora permitieron la entrada de Fernando y expulsaron al adversario.
- La feria franca eximía de impuestos a los comerciantes y buscaba que los vecinos fueran «más ricos y honrados».
- Las Leyes de Toro, promulgadas el 7 de marzo de 1505, constituyeron un conjunto de 83 normas que unificaron el derecho en Castilla, manteniéndose vigentes hasta el Código Civil.
- Wikipedia, Archivo Provincial, Info Defensa, España en la historia.