Trescientos vecinos contra el olvido: San Vicente vuelve a dar vida al Atenazador
Con apenas una trescientos vecinos, San Vicente de la Cabeza volverá a sacar a la calle el 11 de agosto una tradición que exige meses de trabajo y mucho empeño. Este año, además, los niños tendrán su propia cita para vestirse de mascarados y comenzar a garantizar el relevo generacional
Hay tradiciones que sobreviven porque detrás tienen instituciones, presupuestos y cientos de personas dispuestas a mantenerlas. Y hay otras que siguen vivas casi por cabezonería, cariño y compromiso con las raíces. El Atenazador de San Vicente de la Cabeza pertenece claramente a las segundas.
El próximo 11 de agosto, a las 20:00 horas, esta pequeña localidad alistana volverá a sacar a sus calles una de sus señas de identidad, una mascarada reconocida como Bien de Interés Cultural Inmaterial que, sin embargo, tiene cada año por delante un enemigo mucho más difícil de vencer que cualquiera de sus personajes: la despoblación.
Porque mantener una tradición cuando en el pueblo apenas quedan una treintena de vecinos no resulta sencillo.
Trescientos vecinos y una tradición que se resiste a morir
Detrás de cada máscara, de cada prenda y de cada aparición del Atenazador existen muchas horas que el visitante no ve.
Adrián Blanco, uno de los mascarados, conoce perfectamente esa realidad. Vive y trabaja en Zamora y es durante los fines de semana cuando puede regresar a San Vicente de la Cabeza, donde continúa viviendo su padre.
Allí encuentra también ese pequeño museo que se ha convertido en particular refugio de la tradición. Es el lugar donde se reparan máscaras, se revisa la indumentaria y se prepara todo aquello necesario para que, llegado agosto, el Atenazador vuelva a ser Atenazador.
Porque las mascaradas no salen solas.
Necesitan personas que se vistan, otras que organicen, quienes reparen los elementos deteriorados, quienes conozcan los personajes y sus movimientos y, sobre todo, gente dispuesta a dedicar gratuitamente horas y fines de semana a algo que pertenece a todos.
Y cada año cuesta un poco más.
El verdadero problema no es conservar una máscara, sino encontrar quién se la ponga
La situación de San Vicente de la Cabeza resume perfectamente uno de los grandes desafíos del patrimonio cultural de la provincia de Zamora.
Podemos restaurar indumentarias. Podemos catalogar máscaras. Podemos declarar una tradición Bien de Interés Cultural. Podemos fotografiarla, grabarla y escribir cientos de páginas sobre ella.
Pero si un día no queda nadie dispuesto a ponerse detrás de la máscara, habremos conservado el objeto y perdido la tradición.
Ese es el enorme mérito de quienes continúan tirando del Atenazador.
No se trata únicamente de organizar una fiesta de verano. Se trata de conseguir que una manifestación cultural transmitida entre generaciones sobreviva en un territorio donde quienes nacieron allí muchas veces han tenido que marcharse para estudiar o trabajar.
Por eso, cada regreso de Adrián y de tantos hijos del pueblo durante los fines de semana tiene un valor añadido. La Zamora que tuvo que marcharse es, paradójicamente, una de las que está permitiendo que la Zamora rural siga conservando sus tradiciones.
Los niños toman el relevo: la gran novedad de este año
Y precisamente pensando en el futuro, la Asociación Cultural El Atenazador ha introducido este verano una iniciativa especialmente importante.
El 11 de agosto a las 12:00 horas, horas antes de la representación principal, serán los más pequeños quienes salgan a la plaza.
Podrán vestirse y representar la mascarada con sus personajes favoritos en un Atenazador Infantil pensado para acercar la tradición a los niños desde edades tempranas.
Puede parecer simplemente una actividad divertida dentro de la programación estival. Es bastante más.
Es crear cantera.
Que un niño conozca los personajes, se ponga una máscara, participe y sienta que aquello también le pertenece probablemente sea una de las mejores maneras de conseguir que dentro de quince o veinte años exista alguien dispuesto a mantener viva la celebración.
Porque las tradiciones no se heredan únicamente explicándolas. Se heredan viviéndolas.
El 11 de agosto, San Vicente vuelve a ponerse la máscara
La jornada tendrá así dos momentos muy especiales.
Al mediodía, a las 12:00 horas, llegará ese primer Atenazador Infantil organizado por la Asociación Cultural El Atenazador. Y por la tarde, a las 20:00 horas, llegará el momento de la mascarada tradicional.
San Vicente de la Cabeza volverá entonces a transformarse.
Regresarán las máscaras, los sonidos, los personajes y ese particular ceremonial que convierte durante unas horas a un pequeño pueblo de Aliste en escenario de una tradición que se empeña en sobrevivir al paso del tiempo.
Y quizá este año merezca la pena contemplarla con otros ojos.
Porque detrás de quien porta una máscara puede haber alguien que el viernes salió de trabajar en Zamora, cogió el coche, regresó al pueblo, pasó horas preparando una indumentaria y el domingo tendrá que volver a marcharse.
No cobra por ello. No vive de ello.
Lo hace porque siente que si su generación deja de hacerlo, quizá la siguiente ya no tenga nada que continuar.
Ese es el verdadero patrimonio de San Vicente de la Cabeza.
El Atenazador volverá a salir el 11 de agosto. Y en un pueblo de apenas treinta vecinos, conseguir que siga haciéndolo año tras año es ya, por sí mismo, una pequeña victoria contra la despoblación y el olvido.