La noche del Duero trae nueva vida: nacen Trufa y Coco cárabos protegidos junto a Zamora
Trufa y Coco amplían la familia: nacen varios cárabos protegidos en el Soto de San Miguel
Mientras el ruido del mundo sigue acelerando el paso, la naturaleza continúa ofreciendo pequeñas victorias silenciosas en la ribera del Duero.
Muy cerca de Zamora capital, en una zona de sotobosque y choperas próxima a la Vega de Villaralbo, varios pollos de cárabo común han salido adelante en una caja nido instalada junto al río gracias al trabajo y compromiso de amantes de la naturaleza y especialistas en fauna.
Una noticia que puede parecer pequeña, pero que encierra muchísimo más de lo que aparenta.
Los protagonistas son Trufa y Coco, una pareja de cárabos del Duero que este año ha conseguido sacar adelante su nidada en una caja nido colocada estratégicamente en un rincón tranquilo del Soto de San Miguel, un espacio prácticamente escondido entre la vegetación de ribera donde apenas pasa gente y donde el bosque todavía conserva parte de ese equilibrio natural tan difícil de encontrar hoy en día.
La eclosión del primer huevo tuvo lugar el pasado sábado 18 de abril y, con días de diferencia entre uno y otro nacimiento, los pequeños “carabitos” fueron creciendo protegidos entre ramas, silencio y naturaleza.
El pasado viernes 22 de mayo tuvo lugar uno de los momentos más importantes del proceso: el anillamiento de los pollos antes de ser devueltos nuevamente a su entorno natural.
Una labor llevada a cabo por Jesús Ucero González, encargado del anillamiento oficial de los ejemplares, que han quedado registrados en la Junta de Castilla y León dentro del seguimiento y control de fauna silvestre protegida. En este trabajo colaboraron además David Martínez Santiago y Miguel Díez.
Detrás de gestos así hay muchas horas invisibles.
Colocar cajas nido.
Revisarlas.
Proteger los espacios.
Vigilar sin molestar.
Esperar.
Y dejar que la naturaleza haga el resto.
El cárabo común (Strix aluco) es una rapaz nocturna protegida legalmente en España e incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Su presencia es además un indicador de buena salud ambiental, especialmente en ecosistemas ligados a bosques maduros y zonas de ribera tranquilas.
Por eso nacimientos como estos tienen un enorme valor ecológico y también emocional.
Porque mientras muchas veces solo hablamos de incendios, pérdida de biodiversidad o deterioro ambiental, historias como esta recuerdan que todavía existen personas dedicando tiempo y esfuerzo a conservar vida salvaje en silencio y sin focos.
El Duero sigue latiendo también de noche.
Entre las choperas, lejos del ruido urbano, estos pequeños cárabos representan algo tan sencillo como importante: que la naturaleza todavía resiste cuando se la cuida.
Y quizá ahí esté una de las grandes lecciones.
No hacen falta macroproyectos ni discursos grandilocuentes para proteger el medio ambiente. A veces basta una caja nido bien colocada, respeto por el entorno y personas comprometidas que entienden que conservar también es amar la tierra donde uno vive.
Mientras Zamora duerme, los ojos grandes de los pequeños cárabos ya observan el bosque.
Y eso, en tiempos como estos, también es esperanza.