Villaralbo honra a Santa Rita entre mantones, tradición y fe en “la santa de los imposibles”

santa rita Villaralbo
Villaralbo vuelve a vestirse de tradición, color y devoción para celebrar una de las festividades más queridas y singulares del alfoz zamorano.

Como cada 22 de mayo desde 1904, las “ritas” de la localidad salen a la calle para rendir homenaje a Santa Rita, patrona de los imposibles, en una celebración que mezcla historia, hermandad y un legado transmitido de generación en generación.

Las cofrades, perfectamente ataviadas y orgullosas de una tradición centenaria, vivirán este viernes el día grande con procesión, comida de hermandad y posterior baile, aunque las celebraciones comenzaron ya este jueves con las tradicionales vísperas y continuarán el día 23 con el simbólico traspaso del bastón.

Uno de los rasgos más llamativos y reconocibles de esta hermandad son sus trajes tradicionales. Durante las vísperas lucen los característicos mantones de mil colores que llenan Villaralbo de alegría y vistosidad, mientras que el día principal los sustituyen por el elegante mantón de Manila en honor a la santa.

La cofradía está formada por cerca de una veintena de hermanas que mantienen viva una tradición profundamente arraigada en el municipio y que conocen a la perfección la historia de Santa Rita de Casia, la religiosa italiana cuya figura sigue despertando una enorme devoción más de un siglo después.

“Dicen que cuando murió, después de más de cuatro años de sufrimientos, aparecieron entre la nieve una hermosa rosa roja y dos higos”, ya que esos elementos son hoy los símbolos de Santa Rita y, según explican, podrían ser el origen de su patronazgo de las causas imposibles, ya que encontrar rosas y higos en plena montaña y en mayo resulta prácticamente impensable.

Y quizá ahí reside parte de la magia de esta celebración. En la fe sencilla de un pueblo que sigue manteniendo intacta una tradición iniciada hace más de 120 años. En el orgullo de las mujeres que sostienen la hermandad. En los mantones, en la música, en el baile y en esa mezcla de religión y convivencia que aún sobrevive en muchos pueblos zamoranos.

Villaralbo vuelve así a demostrar que las pequeñas tradiciones siguen siendo enormes patrimonios emocionales. Y que Santa Rita, la santa de los imposibles, continúa teniendo cada primavera un rincón muy especial junto a Zamora.