El coste invisible del impago en Tableros Losán de Villabrázaro: “Resistimos, pero estamos agotados psicológicamente”
Tres nóminas y una paga extra sin ingresar no son solo cifras en un conflicto laboral. En Tableros Losán de Villabrázaro, esos impagos se traducen en decisiones diarias, cuentas ajustadas y una sensación de desgaste que va mucho más allá de lo económico. Los 60 trabajadores que aún sostienen la actividad de la planta zamorana llevan meses viviendo en una incertidumbre que ya empieza a pasar factura también en lo psicológico.
Cada situación es distinta, pero todas tienen un punto en común: aguantar. Así lo resume Sonia Sandín, miembro del Comité de Empresa, que pone voz a una realidad compartida con trabajadores de otras plantas del grupo en Cuenca, Ciudad Real y Galicia, con quienes se concentraron este jueves frente al Ministerio de Hacienda, en Madrid.
Actualmente, la plantilla se encuentra disfrutando de vacaciones retribuidas hasta el día 15, aunque temen que, tras esa fecha, la situación permanezca sin cambios. Sandín reconoce que, en su caso, está entre quienes “tienen suerte”. Su marido trabaja, lo que permite que en casa se sigan pagando los gastos básicos. Aun así, explica que hay momentos que duelen especialmente: cuando sus dos hijos le piden algo tan cotidiano y la respuesta tiene que ser “espera, a ver si cobro”. No es una excepción. Otros compañeros tienen hijos en la universidad, algunos afrontan hipotecas en solitario y los hay también solteros que dependen únicamente de su salario para llegar a fin de mes.
Mientras tanto, los ahorros se van agotando. Sirven para pagar la luz, el supermercado o la gasolina con la que cada día se desplazan hasta la planta de Villabrázaro, manteniendo una rutina laboral que contrasta con la falta de certezas. Todos coinciden en que resistieron porque creían en el proyecto, porque pensaban que la empresa tenía futuro y que la situación se reconduciría. Hoy, ese convencimiento se ha transformado en cansancio e impotencia.
El desgaste no es solo económico. Desde los comités alertan del malestar psicológico creciente, de la sensación de estar atrapados en un bucle de promesas incumplidas y plazos que se alargan sin soluciones concretas. La empresa tiene de margen hasta el 29 de abril para presentar un proyecto de viabilidad, pero ya "no nos creemos nada". De no haber avances reales, el escenario que se contempla es el de demandas masivas, una vía que ya se empieza a valorar en distintas plantas del grupo.
La dimensión del problema es nacional. Cerca de 800 trabajadores en toda España se encuentran en una situación similar, con una deuda salarial que los comités cifran en ocho millones de euros en retrasos. La Junta de Castilla y León, según trasladan los representantes sindicales, ya ha aportado todo el apoyo económico posible. El último recurso pasa ahora por la SEPI, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, entidad adscrita al Ministerio de Hacienda y con participación en el grupo.
Precisamente, durante la concentración en Madrid, los comités de empresa de Losán España entregaron una carta en la que reclaman formalmente la intervención de la SEPI. En ella exigen un Plan de Viabilidad Industrial real y vinculante, con garantías de continuidad productiva, carga de trabajo suficiente y mantenimiento del empleo. Denuncian una incertidumbre prolongada, sin planificación a medio y largo plazo, que pone en riesgo no solo a la plantilla, sino al tejido económico de las zonas donde se asientan las fábricas.
Los representantes sindicales subrayan en esa misiva que no se trata únicamente de una coyuntura de mercado, sino de decisiones de gestión erróneas y falta de estrategia industrial, y reclaman que cualquier apoyo público esté condicionado a compromisos claros, supervisados y con participación sindical en su seguimiento.
Desde Villabrázaro, los trabajadores agradecen especialmente el respaldo recibido por parte de CCOO Zamora, que, según destacan, les está sosteniendo en lo moral además de lo sindical. “Nos están ayudando a luchar por lo nuestro”, resume Sonia Sandín. Una lucha que no se mide en pancartas, sino en la resistencia diaria de quienes siguen yendo a trabajar sin saber cuándo volverán a cobrar su salario.