Zamora en Pie alerta: La planta de biogás de San Cebrián de Castro distribuirá 200.000 toneladas de "mierda" por la provincia
La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León ha emitido la Declaración de Impacto Ambiental positiva para el proyecto impulsado por Biorig en el municipio de San Cebrián de Castro, un paso decisivo dentro de la tramitación administrativa que acerca la construcción de una planta de biogás con fuerte implantación territorial.
El proyecto prevé la producción de energía a partir de residuos orgánicos y la generación de alrededor de 200.000 toneladas de digestato, de los ganaderos y explotaciones zamoranas cuyo destino será su distribución en amplias zonas de la provincia. Entre las áreas afectadas se encuentran Tierra del Pan, Tierra de Campos, Benavente y Los Valles y Aliste, configurando un despliegue de alcance provincial.
Junto a este proyecto, el avance del sector se extiende con la primera planta prevista en Coreses, un emplazamiento que sitúa de forma directa a la capital en el área de influencia del nuevo modelo energético. El texto sostiene, en tono irónico, que la puesta en marcha de la planta tendría un impacto tan negativo en la ciudad de Zamora que afectaría directamente a todo el tejido comercial y de servicios —bares, restaurantes, hoteles y tiendas— desde el inicio de su actividad.
Añade que, en una lectura “positiva” también irónica, las instituciones turísticas locales —la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora y el Patronato de Turismo de la Diputación— resultarían prescindibles, lo que implicaría un supuesto ahorro económico para las administraciones públicas.
En paralelo, se mantienen otros expedientes en municipios como Peleas de Abajo y El Cubo del Vino, todos ellos en distintas fases de tramitación.
En este contexto, distintas plataformas críticas advierten de la acumulación de proyectos en el territorio y del modelo de implantación. En sus denuncias, señalan que estas iniciativas responden a intereses empresariales que ven en el medio rural un espacio de explotación intensiva, llegando a describir —en términos muy duros— que “las empresas energéticas planean sobre el territorio para hacerse con él, exprimirlo y dejarlo convertido en un erial inhabitable o en un vertedero inmundo”, una lectura que refleja el nivel de tensión social generado en torno a estas infraestructuras.
El debate se ha intensificado especialmente en relación con el impacto acumulado de las plantas, la logística del digestato y la capacidad del entorno para absorber el volumen previsto de residuos. A ello se suma la preocupación por la cercanía de algunas instalaciones a núcleos urbanos y su influencia en la dinámica económica y social de la ciudad de Zamora, particularmente en el sector servicios.
El desarrollo simultáneo de varios proyectos ha llevado a algunos actores a describir el proceso como un “lote” de autorizaciones energéticas en cadena, pendiente todavía en muchos casos de la Autorización Ambiental Integrada, último trámite antes de la ejecución definitiva.