Un vecino de Calabor carga contra el rechazo a la mina: “Nadie escucha a los que vivimos aquí”
“Soy de Calabor. Nací y me crié aquí”. Así comienza el testimonio de un vecino de esta pequeña localidad de la provincia de Zamora que ha querido alzar la voz tras la repercusión mediática generada por el rechazo al proyecto de la mina de Calabor. Un relato en primera persona, a través de una carta, que refleja la fractura existente entre el discurso ecologista y una parte de la población local que veía en la explotación minera una oportunidad para frenar la despoblación.
El vecino, uno de los poco más de veinte habitantes que permanecen en el pueblo durante todo el año, cuestiona la imagen que se ha trasladado del conflicto en distintos medios de comunicación. Critica especialmente el uso de fotografías que, asegura, “ni son de aquí ni se parecen”, y denuncia que se haya construido un relato sin contar con quienes viven diariamente la realidad del territorio.
Frente al mensaje de “gran victoria social” celebrado por colectivos ecologistas y plataformas contrarias a la mina, este habitante de Calabor sostiene que una amplia mayoría de los vecinos apoyaba el proyecto por las expectativas económicas y demográficas que podía generar en una comarca marcada por la pérdida continua de población.
En su reflexión, insiste en que respaldar la mina no implica despreciar el entorno natural. “Amo esta tierra como antes la amaron mis padres y mis abuelos”, afirma, reivindicando el papel histórico de quienes han conservado el paisaje y la biodiversidad durante generaciones. También defiende que cualquier posible explotación debería ejecutarse “con todas las garantías” ambientales y con planes de restauración rigurosos.
El testimonio pone el foco en una cuestión recurrente en amplias zonas rurales del noroeste peninsular: el choque entre conservación ambiental y supervivencia económica. El vecino reconoce el valor de iniciativas como la apicultura, el turismo rural, la ganadería extensiva o el cultivo ecológico, pero sostiene que, en la práctica, “hoy por hoy no bastan para mantener viva esta comarca”.
La carta refleja además el sentimiento de abandono que atraviesa muchos municipios afectados por la despoblación. “Mañana ellos se irán a su casa y yo seguiré en mi pueblo viendo cómo, poco a poco, día a día, se muere”, lamenta el vecino, que reclama que el debate sobre el futuro de Calabor tenga en cuenta también la perspectiva de quienes continúan viviendo allí todo el año.