Cuando los pendones desafían al tiempo: Pobladura del Valle reivindica un patrimonio que busca relevo

Encuentro de pendones e hilandones en Pobladura del Valle
El desfile de pendones y el encuentro de hilanderas se convierten en un homenaje a las tradiciones de Tierra de Campos mientras las asociaciones alertan de la falta de jóvenes para mantenerlas vivas

La tarde del 2 de agosto convirtió Pobladura del Valle en un escaparate del patrimonio tradicional de la provincia con un encuentro en el que pendones e hilanderas reivindicaron el valor de unas costumbres que sobreviven gracias al compromiso de vecinos y asociaciones culturales. Más allá del programa festivo, la jornada puso de relieve el esfuerzo de quienes trabajan para conservar un legado transmitido de generación en generación.

Poco antes de las ocho de la tarde, la comitiva comenzó a avanzar junto al puente sobre el arroyo del Reguero Grande. Tres grandes pendones se elevaron sobre el cielo de la localidad en un desfile cargado de simbolismo. Sin embargo, fueron menos de los previstos. La Asociación de Pendones Virgen del Valle había invitado a varios pueblos vecinos —Paladinos del Valle, San Román, La Torre y Maire de Castroponce—, aunque únicamente respondió Paladinos del Valle.

El presidente de la asociación, Eliecer, resumía con una frase una preocupación compartida por quienes custodian este patrimonio: "La juventud ya no quiere tirar de los pendones". Más que una crítica, era una llamada de atención sobre la dificultad para garantizar el relevo generacional en unas tradiciones que requieren dedicación, aprendizaje y compromiso.

Desfile de pendones en Pobladura del Valle

Portar un pendón dista mucho de ser una tarea sencilla. Cada uno de ellos alcanza alrededor de nueve metros de altura y necesita cerca de una decena de pendoneros para manejarlo con seguridad. A lo largo del recorrido, los participantes tuvieron que sortear cables eléctricos, tendidos telefónicos, árboles y edificios, obstáculos que evidencian cómo la transformación del entorno rural ha complicado el desarrollo de unas procesiones que durante siglos formaron parte de la vida cotidiana de los pueblos.

La jornada también reservó un espacio para los hilandones, una recreación de aquellas reuniones vecinales en las que las mujeres hilaban lana mientras compartían historias, canciones y conocimientos. La representación permitió recordar una de las tradiciones más características del mundo rural, convertida hoy en un valioso testimonio de la vida comunitaria de otro tiempo.

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