viernes 7/5/21

El sin Dios de la Sanidad Pública, tener que pagar a un laboratorio para demostrar que eres NEGATIVO en COVID-19

Caso el mio, y auque ya me fastidia ser protagonista y tener razón. esto no hay más que contarlo y que al menos sirva a los demás para pedir siempre el sentido común ante un sistema que es un verdadero desastre y que seguimos pagando día a día con nuestros impuestos, dando de comer a políticos, esos que en el Parlamento...mejor...ni comentar.

Importancia la que quieran darle, pero voy a contar con pelos y señales donde está el desastre de una sanidad, que por culpa de los protocolos absurdos y equivocados, dejan con el culo al aire a un sistema que maltrata a los sanitarios y rompe los esquemas del sentido común, reparte vacunas entre taxistas y políticos sin escrúpulos, e incluso a algún obispo, y deja a los sanitarios de la provincia y del país con las ganas de vacunarse cuando es crucial su inmunidad.


Como muchos saben, esta pandemia ha azotado a mi familia de forma cruel como seguro ha pasado a otras muchas.

Si alguien sabe de esta enfermedad y del contacto con ella es el que la ha pasado, y más en un hospital, y por supuesto al inicio de un momento sanitario donde el cóctel de pastillas era una verdadera lotería. Nunca me hicieron tanto electrocardiograma y tanta prueba, y fue porque sí que sabían que todo lo que nos daban podría matarnos por otras patologías que podrían crearse alrededor de tanto virus desconocido. Perdonados quedan porque lo hicieron siempre por nuestro bien y el de la humanidad.

Tuve suerte y la "libré" , un 4 de abril tras una semana en el Virgen de la Concha donde me trataron con todo el cariño del mundo, salía con un diagnóstico de: posible neumonía por COVID-19 con PCR NEGATIVA, ¿o fue un falso negativo en aquel entonces?, ni de las PCR´s te podías fiar en aquel momento. Eso si cuando pedí a mi seguro de autónomo la compensación, el resultado fue: "NO tiene derecho a indemnización por que estamos en tiempo de pandemia".

El 10 de abril fallecía mi madre en el Hospital de Ciudad Real aquí si, el diagnóstico fue muerte por COVID-19. Mi hermana, enfermera, no tuvo opción de test ni de PCR aún estando en contacto en los últimos momentos de la vida de mi madre. Primer fallo garrafal, no controlar a los sanitarios que claro está podrían contagiar a cientos de personas.

El 14 de abril vuelve mi padre a casa tras casi un mes debatíendose entre la vida y la muerte y luchando con el bicho al que venció y aún con 45 kilos volvió a casa un bendito domingo por la tarde, donde estaba este que escribe aún en cuarentena. Allí estuvimos los tres mi hija Sara que estuvo con nosotros 62 dias enclaustrada y que hizo de enfermera, cocinera, y todo lo que pudo. Un verdadero máster en cuidados y en compañía, ella hoy por hoy, ni anticuerpos ni contagio, ni nada parecido tuvo, ni ha tenido.

Nueve meses después de toda esa odisea y tras haber pasado de nuevo por el hospital con mi padre en mayo, por haber heredado un trombo en un pulmón consecuencia del "puto bicho", todo volvía a torcerse y el día 4 de enero, mi padre hacía un ictus y su lado izquierdo del cuerpo quedaba paralizado. Nueve meses de gran hermano con una persona que había perdido la cabeza en parte, debido sobre todo a tanto hospital y claro a sus 88 años el sayagués modorro y luchador como nunca vi a nadie antes siguió siendo ejemplo hasta el final.

Falleció el 18 de enero víctima de un fallo multiorgánico, una sepsis, provocada por el maldito CORONAVIRUS que deja secuelas que te llevan a la muerte. Mis padres han muerto por culpa de un virus del que se cree que saben algo pero no tienen ni la mas remota idea de como actúa ni de como se cuela entre la población. Mascarilla, contactos, manos limpias, lejías, geles, aislamiento o confinamiento todo ayuda pero la necedad humana mucho más.

El día 20 despedíamos a mi padre y a mi madre, puesto que los enterramos juntos en un nicho del camposanto zamorano de San Atilano. Tuvimos las cenizas de mi madre en casa hasta entonces, parece que se estaban esperando para descansar juntos.

Pero todo no acaba aquí seguimos contando el gran desastre de este sistema de desastres concatenados de administraciones y fallos de base, de primero de párvulos.

Mi cuñado Fernando (médico en Ciudad Real), vino al entierro de mis padres, lógico. Vino vacunado, con la primera dosis de esa vacuna milagrosa de la que no quiero hablar puesto que si el sistema consiente que se vacune a un político, a un obispo o un taxista antes que a un sanitario ya queda dicho todo.

Esto es un sin Dios, y un auténtico desastre, este país no tiene cura, ni la tendrá. Contaba que mi cuñado vino, y el hombre tras días de guardias de 24 horas y tras ver a cientos de pacientes COVID, la "mangó", si, así es, dio positivo el pasado sábado en Ciudad Real donde ya había vuelto tras todo este nuevo episodio triste de nuestra historia familiar.

Y aquí el desastre de organización, de rastreo, y de trastorno continuo de los que piensan...o creen que saben.

Me llamó un rastreador del ejécito del aire asumiendo ya el desastre y el paso de demasiado tiempo entre contacto y PCR. También me llamó la rastreadora del SACYL el domingo y tras haber dado POSITIVO en una PCR... dos días después buscando contactos...y tras haberme ordenado una PCR de forma soez y desagradable, sin preguntar ni siquiera si yo había tenido contacto con alguien.

Señora mía, tuve coronavirus entre marzo y abril, entré en zona covid el día 18 de diciembre protegido con todo lo que tenía que protegerme y con el beneplácito del médico para poder despedirme de mi padre con el que conviví 9 meses y ocho días, las 24 horas de estos nueve meses, por cierto la prueba PCR de mi padre la que le hicieron aún a sabiendas que no tenía coronavirus, me llegó al móvil el día 20 último día de contacto con mi cuñado que dio positivo el día 30 de enero.

Nunca me plantee llevar a mi padre a una residencia para que muriera de pena o reinfectado. He cuidado de él y de mi entorno con las mil y una medidas de higiene personal y familiar que he tenido a mano. Pero el protocolo nefasto hace que tenga que hacerme la quinta PCR de mi vida, nada menos que 5 veces y también un test de anticuerpos, en mayo creo que fue, ahí es nada. Eso si gastaré mi dinero para saber si tengo o no anticuerpos aún de este virus bastardo que no ha dado más que disgustos a esta mi familia. 

Hoy tengo el resultado del análisis tras estar en casa y de baja desde el jueves 28 de enero hasta hoy y ahora tengo como resultado una IGG positiva y una IGM negativa, y también una PCR POSITIVA. Le acabo de ahorrar una prueba más al estado y muchos más días de baja, he tenido que poner cabeza a esto junto con mi médico de cabecera que intentó pedir el análisis mucho menos costoso que el de otra PCR para demostrar que soy NEGATIVO y vaya que me tuve que costear la negatividad, porque la Seguridad Social sigue matando moscas a cañonazos.

Juzguen ustedes yo ya tengo claro cual es el resultado de tanto desastre y de tanto protocolo y de tanta idiotez cuando a los sanitarios ni siquiera les hacen una PCR cuando vuelven de sus vacaciones, además tampoco cuando avisan de contactos con positivos seguimos obviando las pruebas, repito con todo conocimiento un sin Dios.

Tenemos lo que nos merecemos aunque si se lucha y se empecina uno un poco, la RAZÓN PREVALECE.

PD: Explico si el IgG es positivo y el IgM negativo, se advierte que existió una infección en el pasado y ya está curada. La enfermedad no fue de carácter agudo, porque la experiencia del enfermo indica que no hubo sintomatología si este no llegó a enterarse, en este caso claro que me enteré pero en definitiva, pasé la enfermedad, tengo anticuerpos y el positivo de la PCR es la sin razón de matar moscas a cañonazos y gastar dinero de la administración sanitaria que ahora parece ser que ya no le importa gastarlo pero de forma absurda. 

Una prueba PCR que se vaya a hacer un particular tiene un coste de unos 150 euros, mientras que para empresas o grupos se aplica una rebaja en el precio. De igual modo, hacerse un test rápido cuesta 50 euros y una prueba serológica con la técnica Elisa cuesta 60 euros.

 

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