Asfalto abandonado en Zamora: la N-122 y la A-52 al límite del desgaste
Hay territorios donde conducir es desplazarse. En Zamora, en ocasiones, se ha convertido en disciplina de reflejos. No basta con mirar señales: hay que interpretar el asfalto como quien lee el parte meteorológico.
La N-122 no se recorre, se negocia.
La A-52 no se conduce, se esquiva.
Hay carreteras que conectan territorios y carreteras que ponen a prueba amortiguadores. En la provincia de Zamora — demasiadas veces — estamos más cerca de lo segundo. Los baches han dejado de ser anécdota para convertirse en socavones que forman parte del paisaje rodado, y eso ya no admite eufemismos.
Circular por la N-122 hacia Toro empieza a parecer un ejercicio de anticipación mecánica: mirar el firme más que el horizonte y confiar en que las ruedas sobrevivan al trayecto. No falta quien ironiza con llevar repuesto extra en el maletero. La broma pierde gracia cuando la factura del taller llega.
En la A-52, especialmente en la circunvalación, el asfalto presenta tramos que recuerdan más a una superficie castigada por el abandono que a una autovía moderna. Rodaduras profundas, deformaciones y agujeros que castigan la conducción y multiplican el riesgo. Para un coche supone incomodidad. Para una moto puede ser la diferencia entre continuar o acabar en el suelo.
La excusa del clima ya no basta
Sí: la nieve, el hielo y el agua castigan el firme.
Sí: el tráfico pesado deja huella.
Pero precisamente por eso existe el mantenimiento. Las infraestructuras no se conservan con discursos ni con balances de inversión genérica. Se conservan con planificación y con actuaciones visibles.
2025 pudo ser un año de reacondicionamiento serio. No lo fue lo suficiente.
Y cuando no se cuida el asfalto, el deterioro pasa factura.
Un problema que no entiende de mapas
Desde la Sierra de la Culebra hasta Sanabria, pasando por múltiples tramos secundarios, la situación se repite. No es un punto negro aislado: es una sensación extendida de envejecimiento del firme.
Mientras tanto, los ciudadanos cumplen: pagan impuestos, trabajan, se desplazan. La expectativa es simple — y legítima —: infraestructuras seguras y dignas.
La metáfora que deja de ser metáfora
Se habla de jardines, proyectos y anuncios. Todo suma. Pero descuidar lo esencial tiene consecuencias reales. Las carreteras, como las vías ferroviarias, siguen protagonizando estadísticas que nadie quiere encabezar.
Y aquí la ironía se detiene.
Porque cuando un socavón provoca un accidente, ya no hablamos de desgaste.
Hablamos de seguridad.
Y en ocasiones, de vidas.
Zamora no pide privilegios ni titulares grandilocuentes.
Pide algo más básico: mantenimiento antes que lamentos.
Porque el asfalto deteriorado no es solo un problema técnico.
Es una señal de prioridades.
Y circular esquivando agujeros no debería ser la normalidad en ninguna provincia.
Y aquí llega el punto incómodo: cuando un bache revienta una rueda hay enfado.
Cuando provoca un accidente hay silencio institucional.
Y cuando ocurre una tragedia… entonces llegan las prisas.
Zamora tiene carreteras estratégicas, tránsito profesional, transporte, turismo, vida diaria. No son decorado. Son infraestructura básica. Ignorarlo no ahorra dinero: pospone el problema y multiplica el coste
Caja de denuncia ciudadana
Zamora News te escucha: señala el bache
Las carreteras se recorren cada día por miles de zamoranos. Nadie conoce mejor su estado que quienes las utilizan para trabajar, estudiar o simplemente llegar a casa. Por eso abrimos este espacio de participación ciudadana.
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