Entre Friera de Valverde y Santa Cristina de la Polvorosa Manuela Cid celebra un siglo de vida
La celebración del 100 cumpleaños de Manuela, nacida en Friera de Valverde y residente durante más de seis décadas en Santa Cristina de la Polvorosa, reunió a familiares, amigos, personal de la residencia y a los alcaldes de ambos municipios, que quisieron rendirle un homenaje cargado de afecto, reconocimiento y memoria.
El alcalde de Santa Cristina de la Polvorosa, Salvador Domínguez, recordó la dureza de los tiempos que vivió la homenajeada y la fortaleza de una generación de mujeres que trabajaron sin descanso, tanto en el campo como en el hogar, sin recibir el reconocimiento social que merecían. Subrayó además la lucidez que Manuela conserva a sus cien años y expresó su deseo de poder recoger por escrito sus vivencias para que no se pierdan. “Ha atravesado guerras, escasez, cambios sociales y profundas transformaciones en el mundo rural”, destacó, recordando también su larga vida en Santa Cristina, donde se instaló tras casarse con Tanico, ya fallecido, y donde siempre fue una vecina cercana, trabajadora y querida.
El acto adquirió un carácter especialmente emotivo con la intervención del alcalde de Friera de Valverde, Lázaro Zarza, quien acompañó a la que definió como “una embajadora centenaria” de su pueblo natal. Dirigiéndose a Manuela con un tono cercano, recordó que Friera sigue sintiéndola como parte de su identidad colectiva: “No todos los días se celebra un siglo de vida, y menos aún con alguien que lleva el nombre de nuestro pueblo grabado en su historia personal”.
Zarza evocó la Friera en la que nació Manuela, “una tierra de manos curtidas, de vecindad verdadera, de familias que se sostenían unas a otras”, y subrayó que ella forma parte de la generación que levantó los cimientos de la comarca. “Nos enseñasteis el valor de la palabra, del trabajo y del respeto”, afirmó, destacando su vida como ejemplo de dignidad y resistencia.
El regidor dedicó también palabras a su familia, recordando a sus hermanos Aurelia, María, Juan y Román, a sus hijas Concepción y Pilar, y a su marido Tanico, cuya memoria —dijo— “sigue presente en cada paso de la historia de Manuela”.
“Cumplir cien años no es solo acumular tiempo; es haber sobrevivido a los cambios del mundo con una fortaleza que hoy nos inspira”, señaló Zarza, quien definió a la homenajeada como “un libro abierto de sabiduría y un espejo de la Zamora que resiste y permanece”. Antes de concluir, le entregó un ramo de flores en nombre de los vecinos de Friera, agradeciéndole su legado, su sonrisa y su ejemplo de longevidad y dignidad.