Lo que la inteligencia artificial “ve” para España en 2026: los problemas que no desaparecen con el cambio de año

Viviendas en Zamora destinadas al alquiler para jóvenes
Demografía, vivienda, empleo y clima centran las “profecías” que distintos sistemas de IA proyectan para el país, un reflejo de las preocupaciones que España arrastra al empezar el año

España estrena calendario con el habitual ejercicio de balance y expectativa. Pero, más allá de los propósitos personales y de los discursos políticos, una pregunta empieza a abrirse paso este 1 de enero: ¿cómo imagina el futuro la inteligencia artificial? Al pedir a distintos sistemas de IA que proyecten el escenario español para 2026, el resultado no es una predicción futurista ni un relato de ciencia ficción, sino un diagnóstico reconocible, casi incómodo, de los problemas que el país arrastra y que no se corrigen con un simple cambio de año.

Las “profecías” coinciden en un primer eje claro: la demografía. La inteligencia artificial dibuja una España cada vez más envejecida, con la natalidad en mínimos y una presión creciente sobre los servicios públicos. El desequilibrio territorial aparece de forma recurrente, con amplias zonas del interior perdiendo población mientras las grandes áreas urbanas continúan concentrando empleo, servicios y oportunidades. No hay giros inesperados: el problema se mantiene y se profundiza.

El segundo gran bloque es la vivienda, uno de los asuntos más repetidos en estas proyecciones. La IA anticipa que el acceso a un piso seguirá siendo uno de los principales focos de tensión social. Alquileres elevados, dificultades de emancipación para los jóvenes y un mercado polarizado entre ciudades tensionadas y zonas despobladas forman parte del retrato que devuelven los algoritmos. El diagnóstico vuelve a ser claro: la vivienda seguirá marcando el pulso social y político del país.

En el ámbito laboral, la inteligencia artificial proyecta una España más digitalizada, con mayor presencia del teletrabajo y de empleos ligados a la tecnología y a los servicios avanzados. Pero junto a las oportunidades aparecen las brechas. Las “profecías” insisten en una mayor desigualdad entre perfiles cualificados y trabajadores con menor formación, así como en la incertidumbre que introduce la automatización en determinados sectores.

El clima es otro de los elementos que se repite en estos escenarios. La IA no habla de catástrofes inmediatas, pero sí de un país cada vez más expuesto a episodios extremos: olas de calor más frecuentes, impacto directo en la agricultura y presión creciente sobre los recursos hídricos. La adaptación, más que la prevención, aparece como el gran reto a corto plazo.

Llama la atención el tono general de estas predicciones. Frente a la retórica del progreso acelerado, la inteligencia artificial no augura grandes saltos ni soluciones rápidas. El futuro que dibuja es continuista, con avances lentos y problemas estructurales que siguen sin resolverse. Un país que mejora en algunos indicadores, pero que convive con incertidumbres persistentes.

En el fondo, estas “profecías” dicen menos sobre el mañana que sobre el presente. La inteligencia artificial no adivina el futuro: analiza datos, discursos y tendencias actuales. Y lo que devuelve al comenzar el año es una España consciente de sus límites, con expectativas más moderadas y una creciente sensación de que los grandes retos no se solucionan solos.

Así, mientras el país cambia de año, los algoritmos no anuncian milagros ni colapsos, sino algo quizá más revelador: que los problemas que marcarán 2026 son, en gran medida, los mismos con los que España comienza este 1 de enero.