Del wok al puchero: el restaurante asiático que incorpora el cocido en su menú
No necesita presentación. Los zamoranos conocen de sobra el restaurante asiático de la calle Toro, un establecimiento que ya forma parte del paisaje urbano y de la rutina gastronómica de la ciudad. Sin embargo, en estos días no es su carta habitual la que despierta curiosidad y conversación, sino su capacidad para tender puentes entre tradiciones y demostrar que la identidad culinaria no es un territorio cerrado, sino un espacio compartido.
El cocido, plato de invierno por excelencia y símbolo de reunión familiar, se cuela en su oferta como un gesto tan sencillo como elocuente de complicidad con la cultura local. El cartel en la puerta —“Hay cocido”, sin más explicaciones— actúa como un reclamo tan eficaz como honesto, apelando directamente a la memoria colectiva y al apetito.
En los meses más fríos, este plato de cuchara se convierte en una declaración silenciosa: la gastronomía también es diálogo cultural. Y si quedaba alguna duda, el cocido —ese valor seguro de la cocina popular— sigue conquistando paladares, ahora también en restaurantes orientales, donde sorprende, desmonta prejuicios y confirma que Zamora sabe mezclar sin perder identidad.