San Antón se celebra en Zamora con Sanantonada, el plato que abriga el invierno

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Hoy, día de San Antón y durante el fin de semana, la tradición manda encender la lumbre, reunirse alrededor de la mesa y rendir homenaje a uno de los platos más contundentes y reconocibles de la gastronomía invernal zamorana: la Sanantonada.

Este guiso, profundamente ligado al mundo rural y a la matanza tradicional, es una especie de fabada zamorana, elaborada a base de alubias blancas —en muchas casas sustituidas por los apreciados habones de Sanabria— y acompañada de las partes más nobles y sabrosas del cerdo: oreja, manitas, cabeza y rabo.

La Sanantonada no es solo un plato, es una forma de entender la cocina: aprovechamiento, paciencia y fuego lento, tres ingredientes que definen la cultura gastronómica de la provincia.

Ingredientes tradicionales

  • Alubias blancas o habones de Sanabria

  • Oreja de cerdo

  • Manitas de cerdo

  • Cabeza de cerdo (o parte de ella)

  • Rabo de cerdo

  • Ajo

  • Laurel

  • Pimentón

  • Sal

Elaboración

La receta comienza la víspera, dejando las alubias en remojo. Las carnes, bien limpias, se cuecen lentamente junto a las legumbres, el ajo y el laurel, sin prisas y sin hervores bruscos. El secreto está en el tiempo: una cocción larga que permite que los sabores se fundan y que el caldo adquiera cuerpo y profundidad.

El pimentón se añade en los compases finales, aportando ese color y aroma tan característico, siempre con cuidado de que no amargue. El resultado es un guiso potente, meloso y reconfortante, pensado para combatir el frío y reunir a la familia.

Tradición y calendario

Históricamente, la Sanantonada se preparaba coincidiendo con San Antón, protector de los animales, como símbolo del final de la matanza y del aprovechamiento completo del cerdo. Un plato humilde en origen, pero cargado de identidad y memoria.

Hoy sigue siendo una receta muy presente en los hogares zamoranos durante el invierno, especialmente en los días de frío intenso, cuando el cuerpo pide cuchara y tradición.

Porque en Zamora, San Antón no se entiende sin Sanantonada: un plato que alimenta el cuerpo y también la historia de una tierra.