Zamora y Castilla León encaran elecciones con cuentas pendientes: despoblación, sanidad al límite y promesas recicladas
Porque cuando un gobierno lleva 38 años gestionando una comunidad, no se le examina por lo que propone, sino por lo que ha sido incapaz de resolver.
Casi cuatro décadas dan para muchas inauguraciones… y también para demasiadas oportunidades perdidas. 38 años después, Castilla y León sigue esperando: elecciones, promesas nuevas y problemas de siempre analicemos la situación:
Zamora sigue esperando el milagro demográfico
La provincia continúa instalada en una realidad incontestable: pérdida de población constante, envejecimiento extremo y falta de retorno.
No hay política demográfica eficaz.
No hay estrategia industrial que haya cambiado el rumbo.
No hay un modelo económico que haya revertido la sangría.
Zamora compite ya en cifras con las regiones más despobladas de Europa. Y no por falta de diagnósticos, sino por falta de decisiones eficaces.
Tras 38 años, no toca presumir de lo logrado.
Toca explicar por qué seguimos donde estamos. COMPETENCIA A MEDIAS
La sanidad pública, el gran agujero
La sanidad autonómica sigue siendo el termómetro más claro del desgaste del sistema.
Listas de espera interminables, falta estructural de médicos, dificultades para cubrir plazas rurales y un sistema que, lejos de mejorar, parece cronificarse en la precariedad.
La sanidad no es un problema nuevo. Es un problema acumulado. Y cuando un problema dura décadas, ya no es coyuntural: es responsabilidad política. COMPETENCIA AUTONÓMICA.
Educación y servicios sociales: el parche permanente
En educación, la situación no es muy distinta. Falta de profesorado, ajustes constantes y una sensación creciente de improvisación administrativa. Episodios como los problemas de gestión ante nevadas anunciadas reflejan un modelo que reacciona tarde incluso ante lo previsible.
En servicios sociales ocurre algo aún más significativo: muchas carencias autonómicas están siendo cubiertas por ayuntamientos y diputaciones, administraciones que terminan asumiendo competencias que no les corresponden. Y así se genera el círculo perfecto de la descoordinación institucional. COMPETENCIA AUTONÓMICA
Las competencias: el gran caos político
El ciudadano medio ya no sabe quién hace qué.
Se culpa al Ayuntamiento por obras que son competencia estatal.
Se reclama a los consistorios plazas en residencias que dependen de la Junta.
Se anuncian infraestructuras sin saber quién debe ejecutarlas.
El resultado es una confusión permanente donde todos prometen y nadie asume responsabilidades.
La N-122 lleva años encallada entre gobiernos de distinto color.
Monte la Reina empieza a ver la luz tras décadas de promesas.
Los planes de infraestructuras siguen moviéndose entre administraciones sin un calendario claro.
Y mientras tanto, Zamora espera. COMPETENCIA A MEDIAS
La economía silver no puede ser el único plan
Convertir el envejecimiento en motor económico puede ser parte de la solución, pero no puede ser la única.
Una provincia no puede basar su futuro solo en cuidar a sus mayores.
Necesita industria, empleo estable, retorno de población joven y proyectos que generen actividad más allá del asistencialismo.
La economía silver no puede ser el salvavidas permanente de una tierra que necesita mucho más que servicios para mayores.
El trabajo que nadie quiere y la realidad de la inmigración
Mientras tanto, el mercado laboral muestra otra contradicción: hay sectores donde los puestos se cubren casi exclusivamente con trabajadores inmigrantes.
Vendimias, campañas agrícolas, cuidados de mayores, trabajos temporales o de mayor dureza dependen de mano de obra extranjera.
Sin ellos, muchos sectores directamente no funcionarían.
Quejarse de la inmigración mientras se depende de ella para sostener la economía rural es otra de las paradojas de esta tierra. COMPETENCIA A MEDIAS
Menos promesas, más gestión
La Ley Electoral es clara: en campaña no se deben vender logros como propaganda institucional. Pero incluso sin esa limitación, la realidad es que lo importante ya no es lo que se inaugure ahora, sino lo que no se hizo durante décadas.
Porque no necesitamos políticos que compitan en discursos agresivos ni en verborrea de campaña.
Necesitamos gestores.
Gestores que recuerden que trabajan con dinero público, que viven de los impuestos de los ciudadanos y que su obligación no es pedir confianza cada cuatro años, sino demostrar trabajo durante los cuatro completos.
Con las vacaciones de un autónomo, no con las de la política.
Castilla y León YA NO necesita ilusión: necesita resultados
Ahora que llegan congresos, actos y discursos, quizá el verdadero examen sea más sencillo de lo que parece: mirar los datos de 2025, de 2024, de 2023… y comprobar si la comunidad avanza o simplemente resiste.
Porque la resiliencia de Castilla y León es enorme.
Pero la paciencia de sus ciudadanos no debería ser infinita.
Las elecciones no son tiempo de prometer.
Son tiempo de rendir cuentas.
CONCLUSIÓN RESILIENTE:
Quizá el problema no sea solo lo que han hecho los gobiernos en Castilla y León durante estas décadas.
Quizá el problema sea lo que hemos terminado aceptando como normal.
Hemos normalizado que una provincia pierda población cada año.
Hemos normalizado listas de espera sanitarias eternas.
Hemos normalizado infraestructuras que nunca llegan.
Hemos normalizado que los jóvenes se marchen y que el futuro dependa de cuidar a quienes se quedan.
Y cuando algo se normaliza, deja de indignar.
Y cuando deja de indignar, deja de cambiar.
Las elecciones no deberían servir para repartir promesas nuevas, sino para exigir responsabilidades viejas. Porque no estamos ante una legislatura fallida, estamos ante casi cuarenta años de resultados acumulados. Si después de todo este tiempo seguimos hablando de lo mismo, el problema ya no es solo político.
Es estructural.
Y también, en parte, social.
Porque los políticos prometen lo que creen que el ciudadano tolera. Y gobiernan como saben que se les va a permitir.
Castilla y León, y Zamora en particular, no necesitan discursos de ilusión. Necesitan decisiones incómodas, gestión eficaz y responsabilidad real. Y si estas elecciones no sirven para eso, solo serán una estación más en el mismo viaje lento hacia ninguna parte.