Miles de personas participarán desde primera hora en algunas de las citas más emblemáticas del calendario popular y religioso de la provincia, en una jornada donde tradición, devoción, gastronomía y convivencia volverán a mezclarse entre pendones, tortillas, vino, música y kilómetros de camino compartido.
La gran protagonista volverá a ser la Romería de la Virgen de la Concha y La Hiniesta, uno de los encuentros más multitudinarios y simbólicos para la capital zamorana. Zamoranos de todas las edades volverán a recorrer el tradicional camino hasta La Hiniesta acompañando a la patrona en una celebración que sigue movilizando generaciones enteras.
Pero el lunes de romería no termina ahí.
Toro, Tierra del Vino y Sayago también se echan al camino
Toro celebrará el Cristo de las Batallas en la vega toresana, una de las romerías más queridas y populares de la comarca, donde la mezcla de fe, merienda y reunión familiar convierte la jornada en una auténtica fiesta de convivencia.
Mientras tanto, la Tierra del Vino volverá a reunirse en torno a la Virgen del Viso o del Aviso, con participación de localidades como Moraleja del Vino, Villaralbo, Arcenillas, Sanzoles, Villalazán, Casaseca de las Chanas, Madridanos o Bamba. Una romería profundamente arraigada que sigue manteniendo el espíritu popular y vecinal de los pueblos zamoranos.
Y este año también tendrá especial protagonismo Fermoselle con la Romería del Cristo de la Santa Cruz en la ermita del Cristo del Pino, una cita cargada de sentimiento en pleno corazón de los Arribes, donde tradición y devoción vuelven a unirse en uno de los paisajes más espectaculares de la provincia.
Mucho más que religión
Las romerías zamoranas hace tiempo que dejaron de ser únicamente actos religiosos. Son también reuniones familiares, encuentros de amigos, orgullo de pueblo y resistencia cultural frente al paso del tiempo.
En una provincia marcada por la despoblación y el envejecimiento, las romerías siguen funcionando como un gigantesco punto de reencuentro donde vuelven los hijos que viven fuera, se llenan los pueblos y las generaciones se mezclan alrededor de una mesa, una cesta o una bota de vino.
Porque en Zamora las romerías no se explican únicamente desde la fe.
Se entienden desde la identidad.
Desde el camino compartido.
Desde la tortilla en el campo.
Desde las canciones improvisadas.
Desde las peñas bajo los árboles.
Y desde esa necesidad tan zamorana de volver siempre al origen aunque solo sea por un día.
El tiempo además acompañará con temperaturas altas y ambiente casi veraniego, algo que hará que miles de personas vuelvan a llenar praderas, ermitas y caminos en una de las jornadas más esperadas del año.
Zamora vuelve a irse de romería.
Y cuando eso ocurre, la provincia entera parece respirar de otra manera.