Zamora premia en el Día de la Provincia a los guardianes de unas mascaradas únicas en Europa

La Diputación de Zamora entregará el próximo 13 de junio en Moraleja del Vino el Premio al Patrimonio Cultural del Día de la Provincia a las asociaciones de mascaradas tradicionales de la provincia, en reconocimiento a su labor de conservación, investigación y difusión de este legado etnográfico
José Javier
photo_camera José Javier Sánchez posa con un joven que porta una mascarada. Fotos cedidas

Hay pocas provincias que puedan presumir de conservar un patrimonio tan singular como el de Zamora. Mientras muchas tradiciones han desaparecido o sobreviven apenas como recuerdo, los carochos, zangarrones, diablos, visparras, tafarrones o filandorros continúan recorriendo calles y plazas cada invierno gracias al empeño de decenas de vecinos que se han negado a dejar morir una parte esencial de la identidad zamorana.

Ese esfuerzo colectivo recibirá este año uno de sus mayores reconocimientos institucionales. El próximo 13 de junio, en Moraleja del Vino, el Premio al Patrimonio Cultural del Día de la Provincia será concedido ex aequo a las asociaciones de máscaras tradicionales de Zamora y a José Ángel Rivera de las Heras, en reconocimiento a su labor de conservación, investigación y difusión de un legado religioso que sitúa a la provincia como referencia nacional e internacional.

Detrás de buena parte de ese trabajo se encuentra la Federación Provincial de Mascaradas de Zamora (MascaraZa), presidida por José Javier Sánchez Hernández, una entidad que actualmente integra 17 mascaradas tradicionales de la provincia y que podría alcanzar las 20 en los próximos años gracias a los procesos de recuperación impulsados en distintas localidades zamoranas.

El escultor José Javier Sánchez con una de sus obras más reconocidas, en h
El escultor José Javier Sánchez trabaja con la escultura de un penitente de las Capas Pardas

La cifra da una idea de la dimensión de este fenómeno cultural. Según explica Sánchez Hernández, Zamora reúne la mayor concentración de mascaradas tradicionales diferentes de Europa, una singularidad que convierte a la provincia en un auténtico referente dentro del patrimonio etnográfico continental. No se trata únicamente de la cantidad de celebraciones, sino de la extraordinaria diversidad de personajes, rituales y representaciones que han logrado sobrevivir generación tras generación.

Los cencerros, las máscaras, los cuernos, los trajes y los rituales ancestrales forman parte de un legado cultural que hunde sus raíces en siglos de historia. Muchas de estas celebraciones conservan elementos cuyo origen continúa despertando el interés de antropólogos, historiadores e investigadores, convirtiéndose en auténticos laboratorios vivos de la cultura popular europea.

Pero si hay una palabra que define a las mascaradas zamoranas es resistencia. Resistencia frente al paso del tiempo, frente a la despoblación y frente a la pérdida de habitantes que afecta a buena parte del medio rural. En pueblos que hace décadas contaban con centenares de jóvenes, hoy son muchos menos quienes pueden asumir el papel que tradicionalmente correspondía a los quintos.

Aun así, las mascaradas siguen encontrando relevo. Muchos jóvenes que viven en Madrid, Valladolid, Bilbao o Barcelona regresan cada año a los pueblos de sus familias para participar en unas celebraciones que consideran parte inseparable de sus raíces. Para muchos de ellos, ponerse una máscara o portar unos cencerros representa mucho más que mantener una tradición: supone reafirmar un vínculo con su tierra.

Un museo para la máscara ibérica

Sin embargo, José Javier Sánchez Hernández considera que aún queda una asignatura pendiente para situar definitivamente a Zamora en el lugar que merece dentro del mapa cultural europeo. Su gran reivindicación pasa por la creación de un Museo de la Máscara Ibérica en la provincia, un espacio permanente dedicado a conservar, investigar y divulgar este patrimonio.

Jose

La idea toma como referencia el museo existente en Braganza (Portugal), convertido en uno de los principales centros de interpretación de las tradiciones mascaradas de la Península Ibérica. Sánchez defiende que Zamora, por la riqueza y diversidad de sus celebraciones, dispone de argumentos suficientes para albergar una infraestructura similar, que contribuya además a reforzar la oferta turística y cultural de la provincia durante todo el año.

La teoría que relaciona las mascaradas con el lobo

Además de su labor divulgativa, el presidente de MascaraZa se ha convertido en uno de los principales defensores de una teoría que ha despertado interés en congresos especializados y círculos académicos. Según sostiene, muchos de los personajes que protagonizan las mascaradas zamoranas podrían estar relacionados con antiguas herramientas utilizadas por los pastores para ahuyentar a los lobos.

Los cuernos, los cencerros, el aumento artificial del tamaño corporal y los sonidos estridentes que caracterizan a figuras como el Zangarrón o los Carochos tendrían una función original vinculada a la protección de los rebaños. La hipótesis cobra fuerza, según explica, al coincidir geográficamente la principal franja europea de mascaradas tradicionales con los territorios donde históricamente ha existido una importante presencia del lobo: el norte de Portugal, Zamora, León, los Pirineos, el norte de Italia, Bulgaria y Rumanía.

"No digo que las mascaradas nacieran para espantar lobos, sino que el personaje principal que aparece en ellas sí podría tener ese origen", defiende Sánchez. Una teoría que presentará próximamente en foros universitarios y que sigue generando debate entre especialistas en antropología, etnografía y patrimonio cultural.

José Javier Sánchez con sus máscaras de hierro
José Javier Sánchez con sus máscaras de hierro

El reconocimiento que se entregará en Moraleja del Vino supone así mucho más que un premio. Es un homenaje a generaciones de vecinos, investigadores, asociaciones y voluntarios que han logrado mantener vivo uno de los patrimonios inmateriales más singulares de Europa cuando todo parecía jugar en su contra. Un legado que, lejos de ser una reliquia del pasado, continúa demostrando que la cultura popular puede convertirse en una poderosa herramienta para construir futuro en los pueblos de Zamora.

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