Vídeo: El cambio climático altera el comportamiento de una colonia de murciélagos en Aliste: "Nunca había visto algo así"

El calor extremo ha provocado un comportamiento nunca antes observado en una colonia de más de 300 murciélagos en Aliste. José María Manzana, conocido como "El Tribu" y responsable desde hace dieciséis años del seguimiento de estos ejemplares en el Museo Arca de Noé de San Juan de Rebollar, asegura que numerosos animales han abandonado por primera vez sus refugios durante el día para buscar algo de ventilación, un hecho completamente anómalo que él atribuye al impacto del cambio climático
Murciélagos fuera de su caja a plena luz del día
photo_camera Murciélagos fuera de su caja a plena luz del día

El cambio climático ya no es una amenaza del futuro. Sus efectos ya son visibles en los ecosistemas y en el comportamiento de especies especialmente sensibles a las variaciones ambientales, como los murciélagos. Con 37 y 38 grados de temperatura, e incluso picos cercanos a los 39 grados, una colonia de más de 300 ejemplares ha comenzado a hacer algo que nunca antes había hecho. Han abandonado, a plena luz del día, las cajas de refugio donde descansan para buscar un poco de aire, aunque este siga siendo caliente.

No se trata de un comportamiento habitual de la especie, sino de una reacción completamente excepcional provocada por el calor extremo, según explica quien lleva dieciséis años observando diariamente esta colonia. La escena se ha convertido en una nueva evidencia de cómo el cambio climático está alterando el comportamiento de la fauna silvestre.

El escenario se encuentra en San Juan de Rebollar, en la comarca zamorana de Aliste, donde José María Manzana, alias "El Tribu", ha levantado el conocido como Museo Arca de Noé, un espacio dedicado a la divulgación ambiental que recibe cada año la visita de escolares y amantes de la naturaleza. Allí, hace dieciséis años, decidió instalar varias cajas-refugio para favorecer la presencia de murciélagos. Hoy son 17 cajas, prácticamente todas ocupadas, que albergan una colonia de más de 300 ejemplares.

Sin embargo, este verano ha dejado una imagen inédita.

"Jamás había visto esto", explica mientras observa cómo numerosos murciélagos permanecen colgados en el exterior de las cajas. "En dieciséis años nunca habían salido de esta manera durante el día. Han tenido que abandonar su refugio para que la brisa, aunque sea caliente, refresque un poco sus pequeños cuerpos", relata. El naturalista reconoce sentirse "medio apesadumbrado y asustado" ante una situación que considera consecuencia directa del calor extremo.

Entre los ejemplares que permanecen fuera de los refugios hay crías nacidas este mismo año, pertenecientes al murciélago orejudo, una especie especialmente sensible a las alteraciones de su hábitat. Incluso observa una cría con una de las orejas parcialmente mutilada, probablemente por una malformación de nacimiento.

El mayor temor es que las temperaturas continúen aumentando durante las horas centrales del día. Aunque las cajas fueron construidas con una anchura de unos diez centímetros para favorecer una mejor ventilación, muy superior a la de otros modelos comerciales de apenas dos centímetros, el calor acumulado en su interior ha llegado a ser tan intenso que obliga a muchos animales a permanecer fuera, exponiéndose a unas condiciones que tampoco resultan favorables.

Para intentar reducir el impacto, José María Manzana coloca ramas sobre las cajas con el fin de generar sombra y disminuir algunos grados la temperatura. Mientras tanto, observa cómo los murciélagos se desplazan lentamente por la madera buscando los pocos centímetros protegidos de la radiación solar directa. "Ahora que ha bajado un poco la temperatura ya se van colocando mejor, pero cuando entren les pondré más ramas para protegerlos", explica.

Durante años, esta colonia ha servido como herramienta educativa para enseñar a cientos de niños la importancia de unos animales todavía rodeados de falsos mitos. Lejos de la imagen negativa que tradicionalmente los acompaña, los murciélagos, "los fantasmas de la noche", como los llama El Tribu, constituyen uno de los mejores aliados de los ecosistemas. Cada noche consumen miles de insectos, entre ellos numerosos mosquitos y plagas agrícolas, contribuyendo al equilibrio natural y reduciendo la necesidad de pesticidas.

Precisamente por su elevada sensibilidad a las condiciones ambientales, los murciélagos son considerados excelentes bioindicadores del estado de los ecosistemas. Cambios en sus hábitos, en sus refugios o en sus ciclos reproductivos pueden anticipar alteraciones mucho más profundas en el medio natural.

Para José María Manzana, lo ocurrido este verano no puede interpretarse como una simple anécdota. Tras dieciséis años siguiendo prácticamente a diario la evolución de esta colonia, insiste en que nunca había observado que los murciélagos abandonaran las cajas durante el día para soportar las altas temperaturas. Ese comportamiento, absolutamente fuera de lo normal, es para él la señal más evidente de que el calor está superando los límites que estos animales pueden soportar en sus refugios.

Murciélagos fuera de su caja a plena luz del día
Murciélagos fuera de su caja buscando la sombra

El creador del Arca de Noé lleva años dedicando su finca a la educación ambiental mediante un singular parque de animales realizados con chapa reciclada y un espacio donde la biodiversidad es la auténtica protagonista. Su mensaje, tras contemplar a los murciélagos refugiándose desesperadamente del calor, es claro: la naturaleza está enviando señales que ya no pueden ignorarse, y aprender a interpretarlas resulta imprescindible para comprender la magnitud de los cambios que están transformando nuestros ecosistemas.

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